La película deportiva con más estilo. De la historia.
En El caso de Thomas Crown, Steve McQueen viste para ganar.
Por: Michael Hainey
El caso de Thomas Crown, la clásica película de atracos de 1968 protagonizada por Steve McQueen y Faye Dunaway, se considera, con razón, una de las películas con más estilo de la historia. El propio Ralph Lauren ha dicho que siempre ha admirado el estilo de McQueen en la película, que se estrenó un año después de que Ralph fundara su empresa, y que la película le inspiró en los primeros días de la firma.«Todo el mundo quiere ser alguien», dice Ralph sobre la película, «ya sea el presidente del consejo de administración o un vaquero, y la ropa tiene mucho que ver con hacer realidad ese sueño».
Tras la película, McQueen pasó a ser considerado para siempre un protagonista en toda regla en el mundo del cine.
La película ha cautivado al público por muchas razones, desde el encanto desenfadado que McQueen aporta a su papel de empresario rebelde hasta la impresionante interpretación de Dunaway, en la que encarna a una mujer inteligente e independiente de la que es imposible apartar la mirada, pasando por la química que surge entre ambos, cuando Dunaway, que llega para resolver el atraco, se enzarza en un tenso juego del gato y el ratón con su sospechoso, McQueen. Y todo ello con un estilo impecable.
Tras la película, McQueen pasó a ser considerado para siempre un protagonista en toda regla en el mundo del cine.
No obstante, cabe añadir que la película, dirigida por Norman Jewison, no solo rebosa sofisticación. También es la película deportiva con más estilo que se ha hecho jamás. Es evidente que McQueen está estupendo con ese traje azul marino con raya diplomática ancha, o con el traje de tres piezas con cuadros Glen y la camisa azul hielo a juego con sus ojos. Pero observe que cuando McQueen no está tramando el atraco de un banco de Boston a plena luz del día, ni manejando el universo con su imperio financiero, ni volando a Zúrich cargado de maletas repletas de dinero en efectivo, lleva una vida atlética: juega al polo, pilota un ala delta, va a toda velocidad en un buggy y juega al golf, y lo hace todo mientras va vestido para matar. Además, también participa en una partida de ajedrez, si es que queremos contarlo como deporte. Sería lo justo. Al fin y al cabo, Dunaway sin duda hace sudar a su adversario durante la partida.
LA VIDA DEPORTIVA
Ya fuera jugando al golf o pilotando su ala delta, McQueen podía presumir de estilo, al igual que su coprotagonista Faye Dunaway.
Piense en las escenas y en el vestuario de McQueen:• Mientras pilota su ala delta (acompañado por «The Windmills of Your Mind», la nostálgica y evocadora canción principal de Michel Legrand que ha perdurado a lo largo de los años), McQueen lleva una chaqueta Harrington azul marino de Baracuta con una gorra azul marino y gafas de sol Persol con montura color Havana. Tras aterrizar y saltar de la cabina, vemos que lleva unos pantalones chinos con parte delantera lisa y presillas laterales y botas de ante color marrón silla de montar.• Mientras pasa una tarde con Dunaway, recorriendo la playa a toda velocidad en su buggy (y más tarde pasando el rato con ella en una hoguera), su vestuario está compuesto por una camisa de color melocotón anaranjado, un bañador bermuda azul marino, un clásico jersey de pescador en punto de ochos en color blanco roto, lo que se cree que es su propia chaqueta Belstaff, una gorra de béisbol azul marino y gafas de sol Persol con montura de carey color Havana.• Cuando está en el club de campo, ganándole a un compañero de golf poco habilidoso, mantiene un estilo impecable: unos pantalones grises claros con un ligero estampado de cuadros y trabillas laterales, una camisa de manga larga azul cielo (a juego con sus ojos, de nuevo) y unos kilties de golf noruegos de color marrón con tiras sujetas mediante una pequeña hebilla lateral de latón.
LA VIDA DEPORTIVA
Ya fuera jugando al golf o pilotando su ala delta, McQueen podía presumir de estilo, al igual que su coprotagonista Faye Dunaway.
Aunque los trajes de McQueen en la película fueron confeccionados por Ron Postal, su sastre de Beverly Hills, y por Douglas Taylor, el joven sastre que se abrió camino por sus propios medios y se hizo un nombre en Londres durante los «Swinging Sixties», la ropa para las escenas deportivas fue supervisada principalmente por Alan Levine, que trabajaba como sastre para Thea Van Runkle, la diseñadora de vestuario de la película. Juntos, estos diseñadores crearon una película que, 60 años después de estrenarse, nos recuerda que no existe tal cosa como la «ropa deportiva». Simplemente existe gente que practica deporte y que decide ir a la moda al mismo tiempo.
Aunque parezca increíble, Richard Burton fue en un principio la primera opción para interpretar el papel protagonista. Después de que el galés rechazara el papel, Jewison y los productores se lo ofrecieron a un escocés, Sean Connery, quien también lo rechazó. En aquel momento, McQueen ni siquiera estaba en la mente de Jewison; veía a McQueen más como un tipo duro y desenfadado, gracias a sus papeles en La gran evasión y Bullitt, que como alguien capaz de llevar bien un traje y transmitir elegancia y estilo. Pero Jewison, que había dirigido a McQueen en una película anterior, El rey del juego, acabó coincidiendo con McQueen, que había hecho una intensa campaña para conseguir el papel, en que él era Thomas Crown.Agradecido por haber conseguido el papel, McQueen se lanzó de cabeza a prepararse para el rodaje. Aunque ya había montado a caballo en varias películas, se había acostumbrado a las sillas de montar del estilo western, y para las escenas de polo de Thomas Crown tuvo que aprender a montar con silla inglesa. Luego, por supuesto, tuvo que aprender a jugar al polo. Practicaba en el Myopia Club de Massachusetts, que cuenta con uno de los campos de polo más antiguos de Estados Unidos, cuyos orígenes se remontan a 1888. Sin embargo, a pesar de todo su trabajo en la película, es revelador que McQueen no fuera el actor mejor pagado del reparto; ese honor recayó en Dunaway, que acababa de salir de Bonnie y Clyde. En cualquier caso, McQueen se embolsó una buena suma al final de la película. También se vio recompensado con una mejora de estilo, y tras la película pasó a ser considerado para siempre un protagonista en toda regla: alguien capaz de montar un caballo de polo, lucir un magnífico traje de tres piezas con raya diplomática ancha y, además, manejar un buggy mientras surcaba las olas. Es la película perfecta, con estilo y trasfondo; todo unido a la vida deportiva.
Michael Hainey es el autor del libro autobiográfico After Visiting Friends, un éxito de ventas de The New York Times.
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