El auténtico y atemporal Mundo de Ralph Lauren
abril 2025
RL/Cultura

Qué son los Hamptons para mí

Antes... y ahora.
Por: Ralph Lauren
La primera vez que fui a los Hamptons debía tener unos 25 años. Me gustaba conducir hasta allí, incluso cuando aún no tenía una casa en la zona. Era precioso. Quería sentir el aire fresco y el viento, disfrutar de la inmensidad del cielo azul, del océano y de los campos verdes, embriagarme de la rusticidad y la elegancia. Desde entonces, ese mundo de caballos y vallas blancas, granjeros y surfistas, artistas y escritores ha sido una de mis grandes fuentes de inspiración. Los Hamptons me han permitido imaginar cientos de historias que reflejo a través de la ropa que diseño. Es un lugar tan especial para mí que siempre encuentro algo más que decir. A principios de la década de 1970, unos años después de que Ricky y yo nos casáramos, encontramos una casa, un granero rojo reformado, en Southampton. Un poco más tarde adquirimos una casa modernista en las dunas de Amagansett, una casa de campo de madera en East Hampton, y, por último, nuestra casa en los acantilados de Montauk.
«Independientemente de nuestro lugar de residencia, el uniforme del verano se caracterizaba principalmente por su comodidad. Al principio, me ponía las mismas prendas una y otra vez. Todo estaba un poco andrajoso, como los chinos cortados o las camisas raídas con las mangas cortadas».
Pero independientemente de nuestro lugar de residencia, el uniforme del verano se caracterizaba principalmente por su comodidad. Al principio, me ponía las mismas prendas una y otra vez. Todo estaba un poco andrajoso, como los chinos cortados o las camisas raídas con las mangas cortadas. Al vivir junto al mar, bajo el sol, tan cerca de la naturaleza, no pensaba realmente en vestirme. Menos era más: lo importante por aquel entonces era exponer la piel al sol y al agua salada. Llevaba siempre la misma camisa militar caqui desgastada y unos pantalones cortos de ante que le pedí prestados a un amigo un año que fuimos de campamento. Terminó regalándomelos y sigo llevándolos. Solía ir descalzo todo el día, pero a veces me ponía unas viejas alpargatas que parecían zapatillas de verano. Otras veces buscaba la robustez de mis viejas botas Frye, decoradas con pequeños conchos alrededor del tobillo. Si refrescaba por las noches, me ponía calcetines color crema de cachemira largos hasta las rodillas con un motivo en punto de ochos y unas resistentes sandalias de piel. En aquella época, cuando Ricky, los niños y yo íbamos a la playa en nuestro Jeep blanco al atardecer, ella vestía su mono militar naranja y yo llevaba mi camisa militar caqui desgastada. Y todos llevábamos nuestras viejas chaquetas vaqueras vintage para abrigarnos durante aquellas noches frescas de verano. También tenía un sombrero desgastado de cowboy que, de alguna manera, me hacía sentirme en simbiosis con ese paisaje oceánico. Los Hamptons eran un refugio para nosotros. Comíamos al aire libre en la playa, salíamos a pasear por la orilla, íbamos a nadar y a correr, desayunábamos café y tortitas, cocinábamos hamburguesas en la barbacoa y nos quedábamos dormidos con el rumor de las olas que se colaba a través de las ventanas abiertas. ... Era un remanso de paz en el que se podía vivir con sencillez. Y sigue siéndolo para mí.