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Izando la vela

Un homenaje al tradicional deporte de la canoa polinesia y su legado, en el que participan los deportistas locales que lo mantienen vivo y que posan como nuevos modelos de Polo

En marzo de 1975, ocurrió algo extraordinario en las playas de la bahía de Kāne‘ohe en Oahu, Hawái: una canoa de viaje hawaiana, fabricada según los métodos tradicionales, partió desde la costa por primera vez desde hacía más de 400 años. 

Los documentos históricos muestran que, hace siglos, había cientos o incluso miles de embarcaciones de este tipo fondeadas en las costas de Hawái. Hoy en día, hay que tener suerte para ver una en la mayoría de playas de Hawái, ya que la antigua tradición de la navegación polinesia en canoa prácticamente desapareció en el siglo XX. Sin embargo, la navegación tradicional polinesia está viviendo un resurgir en la era moderna gracias a organizaciones sin ánimo de lucro como Polynesian Voyaging Society y unos estudiantes comprometidos que desean recuperar unos conocimientos casi perdidos de este tipo de navegación, que no utiliza ningún tipo de instrumento.

Para la colección de ropa deportiva de Polo Spring, colorida e ideal para la playa, nos hemos desplazado hasta Oahu y hemos hablado con dos navegantes actuales que mantienen viva la tradición, Austin Kino y Hopena Pokipala, que nos han mostrado este noble arte y han actuado como modelos de los nuevos estilos de la temporada.

AUSTIN KINO

Austin Kino nació y creció en la costa sur de Oahu, y desde siempre ha vivido en estrecho contacto con el océano mediante la práctica del surf, la pesca y la navegación en canoa, entre otros. En el instituto, decidió añadir algo nuevo: la navegación tradicional polinesia. Ahora, con 32 años, es uno de los mayores defensores y divulgadores de este arte de Hawái, y realiza a menudo viajes sin instrumentos que llegan a durar un mes completo.

Eres un reconocido navegante e instructor de navegación tradicional polinesia. ¿Cómo desarrollas esas actividades?

Navego y soy voluntario de una organización llamada Polynesian Voyaging Society, que se dedica a la historia de la navegación astronómica sin instrumentos de Hawái, desde la creación de una embarcación tradicional con doble casco hasta aprender a navegar sin ningún instrumento moderno, solo lo que nos rodea y está en la naturaleza.

También llevo a cabo un programa educativo llamado Huli, con el que llevamos a niños y miembros de la comunidad en estas canoas para que participen en una actividad que ha sido una parte importante de la historia de Hawái.

¿Cuáles son los conceptos básicos que debe conocer alguien que no sepa nada de este tipo de navegación?

Hay que centrarse en dos cosas principalmente: una es saber orientarse, es decir, saber en qué dirección vas realmente. Los navegantes tenían el concepto de este y oeste, basado en el sol, y el concepto de norte y sur, basado en algunas estrellas. El segundo es la velocidad. En lugar de tener una herramienta para conocer la velocidad a la que viajaban, observaban cosas como la velocidad a la que pasaban la espuma y el agua del océano por su embarcación. A eso es a lo que le prestas siempre atención: la dirección y la velocidad.

Según Austin, uno de los objetivos del viaje por todo el mundo de la Hōkūleʻa era conectar con otros pueblos aborígenes. «Ni los conocemos a ellos, ni ellos nos conocen», asegura. «Y, de repente, algo tan simple como una canoa, da pie a que personas que antes no se conocían empiecen a interactuar.»
Según Austin, uno de los objetivos del viaje por todo el mundo de la Hōkūleʻa era conectar con otros pueblos aborígenes. «Ni los conocemos a ellos, ni ellos nos conocen», asegura. «Y, de repente, algo tan simple como una canoa, da pie a que personas que antes no se conocían empiecen a interactuar.»

¿Puedes hablarme un poco sobre el diseño de los barcos?

Una de las características principales de todas las canoas polinesias es que cuentan con un balancín. Al contrario que una piragua, que se equilibra por su propio peso, las canoas polinesias siempre se estabilizan en el mar mediante el balancín flotante que tiene amarrado. Ese es el primer rasgo. Se puede encontrar desde Tahití hasta Nueva Zelanda.

Hay canoas más pequeñas que se utilizan para lo que denominamos navegación costera. Tienen una longitud de entre 3 y 9 metros y su objetivo principal es transportar personas por la isla. Pueden llevar a un máximo de 10 personas de forma segura. Esas son las que utilizamos en la sesión de fotos de Polo. El siguiente nivel está compuesto por canoas para viajes en alta mar. Normalmente tienen doble casco, por lo que, en lugar de un balancín, tienen dos cascos amarrados. Esas canoas, como las que utilizamos en la Polynesian Voyaging Society, pueden tener entre 18 y 21 metros de eslora y capacidad para entre 15 y 20 personas, además de todo el cargamento. Con ellas, se pueden realizar viajes largos.

¿Cuáles han sido algunos de los viajes más importantes en los que te has embarcado? ¿Hay alguno que fuera más significativo o difícil, o del que estés especialmente orgulloso?

Ocurrió antes de que yo naciera, pero el primer viaje que se llevó a cabo en un barco velero como este en la época moderna se realizó en 1976. Recuerdo verlo en National Geographic: la primera canoa de viaje hawaiana, llamada Hōkūleʻa, navegó de Hawái a Tahití sin instrumentos. Se cree que es algo que no se había hecho desde hacía seis o siete siglos.

Crecí aprendiendo sobre ello. Y, como navegante, me pidieron participar en un equipo de navegación para el primer tramo del viaje por todo el mundo que estaba realizando la Polynesian Voyaging Society con Hōkūleʻa. El primer tramo iba desde Hawái a Tahití. El trayecto entre estos dos lugares se denomina «el camino de nuestros ancestros», y realizarlo yo mismo, en esa embarcación... fue muy especial.

Parece que la enseñanza es un valor fundamental dentro la comunidad de la navegación. Tú y Hopena habéis sido muy amables al enseñarnos a navegar y ambos os esforzáis para enseñar y transmitir vuestro conocimiento.

Puedes ser el mejor del universo y conocer todos los entresijos, pero, si no tienes un alumno, tus habilidades acabarán desapareciendo contigo. Por eso, algunas personas, como Hopena y yo, comprendemos esa carencia y la necesidad de enseñar y llevar a la gente a navegar. El conocimiento que recibimos nos fue dado de manera altruista. Nosotros solo tuvimos que aportar nuestro trabajo, nuestro tiempo y nuestro compromiso. Eso significa que nosotros, a nuestra vez, debemos ser capaces de transmitirlo libremente. Es la filosofía que compartimos.

Y esto no es solo para los niños. Las canoas son relativamente seguras en comparación con, pongamos, una tabla de surf. Por eso, tenemos la posibilidad de llevar a familias o incluso miembros de mayor edad de la comunidad que, al no ser surfistas o no tener esa pasión por los barcos, nunca han estado realmente en el agua, y les damos la oportunidad de que vean la tierra en la que han crecido desde el océano.

Austin Kino a punto de salir de su canoa para hacer esnórquel. Dice que las embarcaciones pequeñas, como la que aparece en la imagen, pueden utilizarse para navegar por la costa de una isla, mientras que las canoas mayores para viajes en alta mar pueden transportar a la tripulación y el cargamento a miles de kilómetros de distancia.
Austin Kino a punto de salir de su canoa para hacer esnórquel. Dice que las embarcaciones pequeñas, como la que aparece en la imagen, pueden utilizarse para navegar por la costa de una isla, mientras que las canoas mayores para viajes en alta mar pueden transportar a la tripulación y el cargamento a miles de kilómetros de distancia.

El viaje desde Hawái a Tahití cubre una gran distancia. Cuando lo hiciste tú, ¿cuánto tardaste? ¿Cómo te sentiste al realizar ese trayecto histórico?

Es una distancia de más de 5500 km y, con los vientos alisios del Pacífico, normalmente se navega a unos cinco nudos. Por lo que se tarda entre 28 días y un mes.

En ese primer viaje en el que me embarqué, nos topamos con una tormenta que nos impulsó atravesando una zona llamada «zona de calma ecuatorial», en la que normalmente no hay mucho viento. Gracias a eso pudimos hacerlo un poco más rápido, en 23 o 24 días. Normalmente, navegas bastante bien hasta unos 5 grados al norte, después el viento prácticamente desaparece y te dejas llevar por una parte del planeta hasta que llegas al otro lado del ecuador, 3 o 4 grados al sur, y entonces tienes los vientos alisios del sur.

Hubo una noche que no estaba de guardia y me tumbé en la cubierta, mirando al cielo. Estábamos prácticamente volando... había mucho viento y mis compañeros estaban en tensión dirigiendo la embarcación, y en ese momento se me ocurrió algo. No me podía creer que otras personas antes que yo hubiesen tenido el valor de hacer esto sin saber a dónde iban. Me hizo apreciar en ese momento el nivel de experiencia que tenían esos navegantes y cómo forma parte de nuestra historia.

Esa noche, al mirar al cielo, sentí que había viajado en el tiempo unos 800 años atrás. Sentí lo que ellos sintieron.

El espíritu de compartir tu conocimiento, la hospitalidad de dar la bienvenida a un barco en la costa... todo ello está muy en la línea con lo que sé del espíritu de aloha. ¿Sabías que esa palabra y la práctica de la navegación polinesia están conectadas?

Es una palabra que significa cosas diferentes para pueblos distintos. Desde la perspectiva del turismo de los 60 previo a Hōkūleʻa, significaba una cosa. Ahora, con nuestro renacimiento cultural, ha adquirido un significado más profundo. Es un sistema de reciprocidad entre personas, entre las personas y la tierra y entre las personas a nivel espiritual.

«Alo» es tu rostro, y «ha», tu aliento. En el plano físico, cuando dos personas se encontraban (antes del COVID), aloha consistía en poner nariz contra nariz y respirar juntos. Intercambiaban lo más valioso que tenían: su fuerza vital, su aliento.

La forma de manifestarse en sí misma es proporcionar libremente tus conocimientos y tus recursos. Y es algo que hemos llegado a vivir mientras recorríamos el mundo y compartíamos nuestra historia, y cuando nos acogían y recibían. La gente quiere compartir más cuanto más recupera y aprende de nuevo sobre las culturas y las características que convertían a estas islas en algo tan único y especial.

Siento que mi día a día es similar al de mis ancestros, y esto me hace sentir bien: lo primero que quiero hacer con ese sentimiento es compartirlo con alguien. Quiero que mis estudiantes se suban a una canoa y quiero sentir la velocidad a la que van. Quiero que vean cómo es su hogar desde el océano.

HOPENA POKIPALA

Hopena Pokipala es un habilidoso navegante y un magnífico surfista de olas gigantes que no solo acogió al equipo de Polo para nuestra sesión de fotos. También nos prestó su propia canoa hawaiana, que construyó con sus propias manos mientras estaba en la universidad. Hopena, que actualmente tiene 26 años, la utiliza para navegar por la costa, enseñar y mantener viva esta antigua práctica polinesia, aunque aporta su toque personal utilizando esta embarcación para surfear las olas.

¿De dónde eres y cómo empezaste a navegar?

Soy de Kailua, en Oahu, en la zona este, una parte protegida del viento. En el instituto había un equipo de navegación al que me uní en mi primer año. Participé, competí en algunas carreras y me enamoré de este deporte. En mi segundo año, teníamos un curso de navegación polinesia. Invitaron a dar una charla a Nainoa Thompson, que encabezaba la Polynesian Voyaging Society y tiene un papel fundamental en la navegación en la época moderna, y que nos invitó a navegar en la Hōkūleʻa. Eso mismo fue lo que despertó mi pasión por descubrir más sobre el mundo de la navegación y estar en contacto con mi cultura. Durante mi juventud, participé en competiciones de canoas, que es un deporte importante aquí, y esto parecía ser el siguiente paso, de la canoa a la navegación.

Hopena no solo es un experto con la canoa, también sobresale como surfista de olas gigantes, y nos comenta que ambas habilidades están relacionadas. «Ese respeto por el agua, esa capacidad de mantener la calma en momentos de estrés e incluso de interpretar el mar: es lo mismo.»
Hopena no solo es un experto con la canoa, también sobresale como surfista de olas gigantes, y nos comenta que ambas habilidades están relacionadas. «Ese respeto por el agua, esa capacidad de mantener la calma en momentos de estrés e incluso de interpretar el mar: es lo mismo.»

¿Fue difícil aprender a pasar de esos veleros en los que te embarcabas cuando te uniste a tu primer equipo a los veleros polinesios más tradicionales?

Fue difícil en el sentido de que no hay ningún manual sobre la navegación tradicional en canoa, mientras que sí que hay mucha literatura sobre la navegación normal en la actualidad. Incluso tuve que preguntarles a algunas personas cómo aparejar una canoa para navegar. Cada persona tiene su teoría y su forma de hacer las cosas. Por eso, en ese sentido, era difícil, pero creo que me hizo aprender mucho más. No hay muchas canoas navegando y la comunidad es, en general, bastante pequeña. Pero, una vez que le coges el tranquillo, es bastante sencillo.

Tengo la gran fortuna de vivir en mi casa familiar. Mi abuela creció aquí, en la década de los 40, y el océano es mi jardín. Por eso, intento meterme en el agua cada mañana. Normalmente para navegar, cuando el viento es bueno. Si no hay, hago remo, surf o buceo, lo que sea. El mar es algo habitual en mi vida, en ese sentido.

Suena increíble. Tienes tus propias embarcaciones, cuéntame algo sobre ellas. ¿Tienes alguna favorita?/strong>

La que utilicé en la sesión de fotos de Polo. La construí yo mismo en la universidad. En un principio, mi objetivo era realizar recorridos culturales con ella fuera de la universidad. Quería ser un emprendedor, por eso construí esta canoa. Pero es difícil obtener los permisos para hacerlo de forma legal, sobre todo en Hawái, por lo que sigo trabajando en ello. Pero eso sí, tengo la canoa. Si no hay viento, quito la vela y hago remo o surfeo olas con ella. Y si hay viento, pongo la vela. Por lo que se podría decir que es una embarcación muy polifacética.

¿Surfeas con ella? ¿En serio? ¿Con una canoa?

Es un nicho muy específico del surf, pero sí, ahí está. La verdad es que tengo una foto aquí, en mi escritorio, de este hombre, Aka Hemmings. Está surfeando una ola de 6 metros en una canoa con balancín. Cada mañana, me levanto y lo veo como una fuente de inspiración.

Esa es una forma de hacer surf en una canoa tradicional sin vela. Yo lo hago con la vela; aunque no sean olas grandes, es muy divertido. Es como del kitesurf al surf: ir un paso más allá. No puedes hacerlo con canoas grandes, son enormes, caras y difíciles de manejar. Pero mi canoa es ligera y fácil de mover y puede meterse y salir de situaciones complicadas fácilmente.

¿Cuánto mide la canoa exactamente? Lo de surfear con ella suena increíble.

Mide alrededor de 7 metros y tiene dos balancines. Puedo llevar a entre cuatro y seis personas sin problemas. He llevado a 12 personas antes... pero era demasiado.

Se llama Hōkū Alaka’i, que significa «estrella guía». La construí en un momento de mi vida en el que eso era lo que quería hacer, el camino que quería tomar, y esta embarcación me acompañaba en él. El apodo de mi abuela era Estrella, por lo que tenía un doble significado: rendía homenaje a mi abuela, a la vez que también veía con ilusión mi propia vida y mi carrera.

Hopena Pokipala con Hōkū Alaka’i. «Uno de mis grandes objetivos era terminar mi canoa y lo conseguí en 2018», afirma. «Miro atrás y lo veo como un momento importante de mi vida.» Con el tiempo, espera navegar más allá de las islas de Hawái.
Hopena Pokipala con Hōkū Alaka’i. «Uno de mis grandes objetivos era terminar mi canoa y lo conseguí en 2018», afirma. «Miro atrás y lo veo como un momento importante de mi vida.» Con el tiempo, espera navegar más allá de las islas de Hawái.

Cuéntame también algo sobre el impacto cultural ligado a la navegación en canoa. Tú y Austin sois muy jóvenes y no solo mantenéis esta tradición, sino que también la enseñáis a una nueva generación.

Sin lugar a dudas, siento que tenemos una responsabilidad enorme, no solo con nuestra familia, sino con toda nuestra cultura. En los años 70, con el Renacimiento hawaiano, descubrí que muchas de estas cosas estaban prácticamente extintas. Tuvimos la suerte de heredar y reclamar lo que nuestros tíos y tías habían hecho a una generación o dos antes de nosotros.

Por lo que, sin duda, siento cierta responsabilidad, o kuleana, como se dice en hawaiano. Y es genial ver los frutos de este trabajo. Como ahora mismo, mis primos pequeños están en escuelas de inmersión de Hawái. Están en infantil y hablan hawaiano de forma fluida. Sin embargo, y hasta los años 90, en teoría era ilegal hablar hawaiano en las escuelas. Por lo que, sin lugar a dudas, el cambio está en marcha. Una sinergia que nos lleva al mismo sitio.

Esa palabra, kuleana, suena similar a cómo Austin describía aloha. ¿Qué significado crees que tiene, aparte del literal?

Kuleana significa responsabilidad literalmente, pero va más allá. Es prácticamente una bendición que puedes aceptar. Esta responsabilidad que Austin y yo hemos tenido la suerte de tener es la canoa y que forme parte de nuestras vidas, y somos afortunados por poder compartir esta pasión.

En la comunidad, es algo que aprendes desde el principio. Admiras a las personas que más dan, que se esfuerzan en enseñar y ayudan a que la comunidad aprenda. Crecí admirando eso y pensando: «Quiero ser ese tipo de persona cuando crezca». Por lo que kuleana no es solo una responsabilidad, es una bendición.

También eres un auténtico experto surfeando olas gigantes, ¿no? ¿Hacías eso antes de navegar?

Hago más surf que otra cosa. Esa es la principal pasión de mi vida: el surf. Crecí haciendo bodyboard en una zona de la isla que está protegida del viento, porque no es posible subirte al autobús con tablas de surf. Y, sin coche, solo se puede llegar en autobús a los lugares en los que se puede surfear. Por lo que hice bodyboard con mis amigos hasta que entré en el instituto, y con esa edad ya empecé a conducir. En ese momento empecé con el surf. Y fue en esa misma época en la que empecé a navegar, aproximadamente. En la universidad, empecé a poner a prueba mis límites y a surfear olas más grandes. Ahí fue cuando me enganché.

Tanto el propio barco de Hopena como la famosa Hōkūleʻa utilizan la palabra hawaiana «hōkū», que se traduce como «estrella», una referencia a la antigua práctica de la navegación astronómica, fundamental para la navegación tradicional polinesia.
Tanto el propio barco de Hopena como la famosa Hōkūleʻa utilizan la palabra hawaiana «hōkū», que se traduce como «estrella», una referencia a la antigua práctica de la navegación astronómica, fundamental para la navegación tradicional polinesia.

He oído que has surfeado olas enormes.

He crecido viendo pósteres de la competición de surf Eddie Aikau de olas gigantes. Ese siempre ha sido uno de mis objetivos. Yo también quería surfear olas grandes.

Después del instituto, tuve la oportunidad de salir a Waimea y dar un paso adelante en mi pasión con algunos de mis amigos. La noche de antes no pude dormir pensando en el oleaje y en esas olas gigantes típicas de Hawái de más de 6 metros. Mientras conducíamos hacia la costa, cuanto más nos acercábamos a North Shore, mayor era el sonido de las olas, hasta que se podía escuchar cómo rompían en el suelo y la carretera se agitaba, literalmente. Cuando llegamos, el sol estaba a punto de salir y había mil personas alrededor de la bahía, todas ellas emocionadas.

Cuando aparecieron los primeros rayos de sol, empecé a ver montañas de agua, las mayores olas que había visto en mi vida. Mi amigo Noah me guio mar adentro y pensé: «Este es el momento que he estado esperando toda mi vida». Veía cómo se desvanecía la línea del horizonte por debajo del nivel del mar y oía a la gente gritando y animándonos. Recuerdo que mi percepción cambió a visión de túnel, y que mi corazón latía tan fuerte que podía oír los latidos. Sin embargo, cuando me puse de pie sobre la tabla, se hizo el silencio. Entonces, comencé a recorrer la ola y experimenté un inmenso subidón de adrenalina y endorfinas.

Fue adictivo. Recuerdo que el viento me acariciaba la cara y que miré arriba, desde la parte inferior de esa ola, la más grande que había surfeado en mi vida, y que fue un momento impresionante. Entonces, la ola cayó sobre mí y me sentí como una muñeca de trapo, pero resurgí y pensé: «Vale, esta ha sido mi primera experiencia en Waimea». Desde entonces, he estado enganchado.

¿Puedes contarme algo sobre la sesión de fotos y cómo fue, qué hicisteis en el barco?

Viví uno de los momentos más chulos de mi vida durante la sesión. Al principio, dimos las típicas vueltas alrededor de la costa. Pero el responsable de seguridad del agua que estaba en el set nos dio el visto bueno para intentar surfear alguna ola con la canoa. Así que colocó la canoa en la parte trasera de su moto de agua y nos llevó hacia las olas, la canoa entera con la vela y todo lo demás. Y pudimos darnos la vuelta y surfear algunas olas, la verdad es que fue un momento memorable. Ni siquiera sabía que se podía llevar una canoa así.

¿A dónde quieres ir con la navegación, el surf y la vida en la playa? ¿Hay algún gran objetivo en tu lista de cosas por hacer?

Uno de mis grandes objetivos a largo plazo es que toda mi comunidad contribuya y construya una canoa de viaje similar a Hōkūleʻa, vinculada a la comunidad de Kailua, y que participen las escuelas de primaria. Esto se está haciendo en todas las islas actualmente. En la ciudad de al lado, hay unas canoas vinculadas a la escuela primaria y el plan de estudios incluye clases de navegación y cultura. Creo que sería genial tener algo así en Kailua, y tal vez, en el futuro, que cada distrito tuviera su propia canoa para navegar.

Ahora mismo, es una chispa que podría prender y crear un gran fuego. He salido con algunos de mis primos en mi canoa. Tienen 6 años y ya saben dirigirla y navegarla, mientras que yo con 15 años solo podía ir en la parte trasera. Eso, en sí mismo, es un gran paso, ¿sabes? Con suerte, seguiremos avanzando por ese camino.

Andrew Craig es el editor de contenido masculino de Ralph Lauren.
  • FOTOGRAFÍA DE Bailey Rebecca Roberts
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