Un hogar en el rancho
En un pequeño pueblo de Texas, el hogar de un galardonado restaurador y su mujer rinde homenaje al Oeste estadounidense con una colección única que abarca varios siglos de historiaCon sus 259 hectáreas, el rancho Perini de Buffalo Gap es una parcela modesta según los estándares de Texas, donde los ranchos suelen superar las 81 000 hectáreas. Para Tom Perini, este ha sido su hogar desde 1952. El nombre del pueblo en el que se sitúa no es fruto de la casualidad: en una cuenca de 90 metros de profundidad, hay una fisura que antaño millones de búfalos debían cruzar tras atravesar las altas llanuras en los meses de verano.
Está ubicado a unos 24 km de la ciudad de Abilene (Texas) y cuenta con una población que no supera los 500 habitantes, de los cuales Tom y su esposa Lisa son unos de los más apreciados. Juntos, cuidan su rancho y su galardonado restaurante, el Perini Ranch Steakhouse, un auténtico ejemplo de la hospitalidad del sur. Es el rincón favorito tanto de los residentes, como de los visitantes, incluida Oprah Winfrey.
Está situado muy cerca de su casa, una acogedora residencia a la sombra de imponentes robles y nogales, donde podemos conocer a los miembros de un pequeño rebaño de ganado longhorn con nombres como Trueno, Guarda y Moca. También hay dos perros de raza basset hound: Jett Perini, cuyo nombre rinde homenaje al personaje de James Dean en la película de western de 1956, Gigante, y August «Gus» Perini, en homenaje al personaje de Robert Duvall en la miniserie de 1989 ambientada en Texas, Lonesome Dove. «Gus y Robert [Duvall] se han encontrado varias veces, y en ninguna de ellas se emocionaron demasiado al verse», explica Lisa riéndose.
El interior de la casa resulta acogedor desde el principio gracias a la chimenea de piedra y las vigas de madera. Sin embargo, lo más increíble es la rica y variada colección de objetos, procedentes de todos los rincones del mundo que uno se pueda imaginar, que le añaden un inesperado toque ecléctico.
Esta colección incluye rarezas pertenecientes a diferentes siglos. Comenzó cuando Tom Perini, con 7 años, compró con su paga una pistola marroquí decorativa en el hotel La Fonda de Santa Fe, Nuevo México. «Compraba las cosas que me gustaban, sin importar ni su calidad ni otras características», afirma. «Si veía algo que me gustaba, lo compraba, aunque después me di cuenta de que, si eres un coleccionista de verdad, debes centrar tu colección en un estilo, categoría o época particular.»
Esta progresión de intereses queda patente en los grupos de objetos cuidadosamente expuestos por toda la casa. Destaca su inclinación por las armaduras, desde un casco de conquistador español hasta una falda de cota de malla turca de alrededor del siglo XVI. En un estante, dispuesto en filas de forma ordenada, se encuentra un conjunto de botas de cowboy encantadoramente pequeñas de diferentes tonalidades, todas ellas con una pátina evidente. «Son botas de cowboy infantiles de los años 30 y 40», explica Lisa. «Me encantan porque puedes ver dónde llevaban los niños las espuelas en la parte trasera, y dónde desgastaban el talón. Puedes saber por cuántos hermanos pasaron las botas.»
Junto con estas curiosidades, también hay objetos de la historia local. Encima del aparador inglés de caoba, se encuentra una capa ceremonial de mujer elaborada con piel de ciervo de las tribus kiowa y comanche de la década de 1830. Sirve como pieza estrella de un archivo representativo de la historia de los nativos americanos y se incluyen también varias sillas de montar, tejidos y accesorios turquesas que la pareja ha coleccionado a lo largo de los años.
Sin embargo, lo que no sorprende a cualquiera que visite la casa de esta familia es el casi infinito arsenal de utensilios de cocina. Las sartenes y las ollas de hierro fundido, los platos de madera y la amplia variedad de cuchillos asientan las bases para preparar el versátil desfile de platos deliciosos de Perini, como el Zucchini Perini (rodajas de calabacín horneadas con salsa de carne italiana y queso parmesano), hominy (maíz nixtamalizado) de chili verde y, por supuesto, una generosa ración de carne de res, todo ello dispuesto en un chuckwagon. La familia tiene una pequeña flota de este tipo de carretas en un granero cercano.
«El chuckwagon es, en realidad, una de las primeras food trucks [furgonetas de venta de comida]», bromea Tom. «La verdad es que era un vehículo que viajaba con los rebaños de ganado que iban a Abilene (Kansas), diseñado para dar de comer a unos 15 vaqueros dos veces al día durante más de dos meses, pero también era un punto de encuentro, una especie de núcleo social durante el trayecto. Todo pasaba en la carreta.»
Juntos, los objetos que constituyen la colección de Perini no son solo simples vestigios de la historia. Al contrario, resultan curiosamente acogedores para la familia y sus invitados gracias a su escala y al gran número de artículos, atesorados con cariño durante generaciones. «Nuestra casa no es como las que aparecen en las revistas de decoración», dice Lisa. «Nadie ha venido con un montón de cosas y ha dicho: "Poned esto en la pared". Todo lo que hay en esta casa tiene su propia historia.»
- FOTOGRAFÍAS DE STEPHEN KARLISCH



