Una obra de arte
Jansson Stegner crea retratos misteriosos y mágicos inspirados influyentes pintores europeos con un lenguaje completamente personalSegún Stegner: «Cuando era más joven, sentía la presión de los profesores o de otros estudiantes para que descartara el pasado y me centrara en algo más radical». «Pero a mí me encanta el estilo de pintura que suele asociarse al pasado. Quiero participar en esa tradición y hacer que sea relevante en la actualidad, de manera que refleje mi vida y mis intereses».
Esto explica por qué los protagonistas de los retratos de Stegner, misteriosos y atractivos, tienen ese aspecto tan peculiar: dandis de largas piernas recostados y ataviados con elegantes trajes o bellas jóvenes y musculosas con uniformes escolares. En uno de ellos, una mujer con falda de tartán apunta con un arco y una flecha a un objetivo fuera de la pintura (Archer, 2020). En otro, una mujer de pelo negro con una camiseta de los Spartans de la Universidad de Michigan descansa con las piernas cruzadas en el suelo mirando fijamente al espectador (Spartan, 2020). Las dos mujeres tienen extremidades que revelan una musculatura surrealista: bíceps y piernas musculadas como las del dios Thor. Los rostros de ambas mujeres son enigmáticos y furtivos.
Arty Nelson, la escritora de arte y novelista afincada en Los Ángeles, ha seguido de cerca la obra de Stegner desde que el galerista Nino Mier organizó una exposición de sus obras en 2018. Nelson, que escribirá la introducción del catálogo que acompañará la exposición de Stegner de finales de 2021 en la Galería Nino Mier, asegura que la obra de Stegner «transmite la sensación de la sonrisa de Mona Lisa de una manera en la que siempre hay una cualidad críptica y oscura: el espectador no sabe exactamente qué les pasa a los protagonistas de sus obras».
El aspecto desconcertante de las expresiones de los protagonistas es intencional para Stegner, que se esfuerza por atrapar al espectador en un nudo emocional a través de la pintura. Stegner asegura: «No quiero que las figuras parezcan maniquíes vacíos».
Para Stegner, es igual de importante el modo en que los protagonistas transgreden las expectativas dentro de los cuadros. Durante los Juegos Olímpicos de 2008, Stegner quedó cautivado por un partido de voleibol femenino. Le embelesaban esas mujeres, poderosas y llamativas, muchas de ellas de más de 1,80. «Remataban el balón con un carácter y una competitividad salvaje», recuerda. «Pero cuando mostraban un primer plano de las caras de las atletas, parecían cualquier otra chica, con rostros femeninos clásicos. Sabía que eso era algo que quería explorar en mis lienzos».
Los hombres de los cuadros de Stegner desafían los roles de género y el poder en la dirección opuesta. A principios de la década de 2010, Stegner recibió una serie de encargos de magnates europeos y comenzó a retratarlos con un estilo poco masculino, según los cánones tradicionales: con rostros lánguidos y cinturas de avispa, recostados en ambientes elegantes, incluso cuando aparecen con rifles de caza. Stegner explica: «Siempre me ha fascinado el prototipo idealizado de hombre y mujer». «Me pareció una idea interesante intentar mezclar esos dos modelos para ver qué pasaba».
Stegner creció en Minneapolis devorando cómics de ciencia ficción y fantasía como 2000 AD o Conan el Bárbaro, este último con un cuerpo de héroe que se asemeja a los atletas con grandes brazos de sus obras. «Los cómics están llenos de distorsiones extrañas de la forma humana, diferentes tipos de cuerpos y todo tipo de locuras de ciencia ficción, así que también me interesan estas rarezas», explica Stegner.
Stegner pasó su juventud dibujando y acabó estudiando arte en la Universidad de Wisconsin. Tras graduarse, intentó darse a conocer como pintor en el Medio Oeste a finales de los 90, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba estar en Nueva York para triunfar. Ideó un plan para ingresar en un máster de la Universidad de Albany como paso previo a su traslado a la ciudad a principios de la década de 2000. En Nueva York, su carrera tuvo algunos altibajos. El coleccionista Charles Saatchi adquirió algunas de sus obras en 2013 y Stegner realizó algunas exposiciones individuales en varias galerías, como la galería de Bruselas Sorry We're Closed. Sin embargo, no obtuvo el nivel de reconocimiento actual hasta que Nino Mier lo reconoció como artista en Los Ángeles y organizó, más adelante, una exposición en Almine Rech en Nueva York.
Todo ello coincidió con el traslado de Stegner a Santa Bárbara con su mujer y sus dos hijos. En ese momento, el pintor comenzó a reflejar el nuevo entorno en los fondos de sus cuadros. Stegner asegura: «Ahora me doy cuenta de que estar en California, tan cerca del bello entorno natural, ayuda a introducir ese elemento visual en mi trabajo». El artista explica que en el proceso de creación de una obra en la que es necesario tomar fotos de un modelo (que suele encontrar a través de Craigslist) les hace adoptar posiciones distintas hasta encontrar una que le inspira.
«Es muy raro ver a alguien que pinte como lo hacían los artistas», dice Mier. «[Stegner] se toma su tiempo con cada pintura. Podría haber nacido hace 300 años. Desde la calidad de la superficie a la elección de los colores o la capa exterior de barniz. Él mismo parece ser una obra maestra».
Una obra maestra con una gran dosis de singularidad sobrenatural que hace que sea imposible apartar la mirada. «Sin duda, quiero que haya algún tipo de extrañeza que no se pueda determinar», explica Stegner. «Siento que la vida es una mezcla de normalidad y rareza, y me gusta que mis cuadros lo expresen. Me gusta sorprender a la gente respecto a lo que pueden considerar como normal».
- IMÁGENES CORTESÍA DE LA GALERÍA NINO MIER



