La vida de la escritura
La pasión del artista Rajiv Surendra por la caligrafía es un homenaje al gozo y la belleza de un arte olvidadoRajiv Surendra es inconfundible. Recorre Manhattan sobre su bicicleta alemana vintage, de 1940 más o menos, con una cesta en la parte trasera repleta de bolígrafos, folios y sobres.
A los 8 años, el ahora actor, artista y autor publicado de 32 años, empezó a recibir cartas de su prima Lakshi, de Sri Lanka, aunque no la conocía en persona. Surendra creció en un barrio de las afueras de Toronto y recuerda la emoción de recibir un paquete internacional, con su característico borde de rayas azules y rojas. "En cuanto abría el buzón, ¡allí estaba la carta desde Sri Lanka! Sus cartas eran increíbles", recuerda. "Su caligrafía parecía la de una máquina de escribir. Marcaba las líneas de la página y hacía dibujos preciosos y coloridos a lápiz. A veces, dibujaba un ciervo o florecitas". Cuando por fin se conocieron en persona, casi una década después, los dos sintieron una conexión instantánea.
Desde entonces, Surendra siente cada vez más emoción al escribir y recibir correspondencia y, además de su trabajo como actor, le apasiona la caligrafía, con la que experimenta bajo su apodo "Letters in Ink" (@lettersinink). Durante su primer encuentro, que tuvo lugar en una cafetería del West Village por casualidad, Surendra llevaba casi tres horas escribiendo una carta a una familia de Berlín en la que había trabajado como au pair. La carta se extendía a lo largo de 12 páginas e incluía un dibujo en acuarela del ayuntamiento, desde la calle de la cafetería, con cajas de flores y rayos de sol.
Hojear una carta de Surendra es como tener en la mano un documento victoriano, como los que le hicieron obsesionarse cuando tenía 12 años. "Fui voluntario en un museo de historia viviente y alguien me enseñó cartas del 1800", explica. "La letra con la que estaba escrita era una obra de arte y me inspiró a aprender caligrafía de verdad. Quería que mi letra también fuera como la de esas cartas antiguas. Fue motivo suficiente para intentarlo".
Empezó perfeccionando la W mayúscula de la firma de George Washington en la declaración de independencia, una tarea que parece banal hasta que se tienen en cuenta sus trazos de diferentes grosores y sus delicadas curvas. Ahora, puede realizar una réplica exacta de la firma en el reverso de un posavasos en cuestión de segundos.
Los materiales con los que trabaja varían según la estación, su estado de ánimo o el contenido del mensaje que quiere mandar. En este momento, prefiere el papel fino y ligero de un fabricante japonés. "Resulta difícil de leer porque es casi transparente, pero me encanta que la persona que recibe la carta tenga que encontrar el lugar adecuado para leerlo", explica Surendra.
Lo que no cambia nunca es su abrecartas favorito, un cortaplumas negro y oxidado que encontró en una venta de artículos de segunda mano en Rhode Island por 50 centavos y que suele afilar en un cuchillero del Upper West Side de Manhattan. Es una herramienta pequeña pero importante de la experiencia que supone para Surendra el abrir cartas, que es un ritual metódico. "Aún hoy, cuando abro el buzón y hay una carta escrita a mano, me da un vuelco el corazón", afirma. "La subo al apartamento y la pongo sobre la almohada. Espero hasta el momento de irme a dormir, me llevo el abrecartas a la cama, enciendo la lamparita, abro la carta y la leo en la cama justo antes de dormir, como si fuera una recompensa por esperar".
Es un ejercicio de autocontrol y que honra el tiempo que ha invertido quien escribe la carta. "Siempre lo digo, pero el mejor regalo que pueden hacerme es mandarme una carta escrita a mano", dice Surendra. "Es lo que más me emociona. Saber que alguien se ha sentado en una mesa con papel y bolígrafo y que todos sus pensamientos han sido para ti es algo muy fuerte, pero es que, además, queda constancia de ello".
Cuando es él quien escribe una carta a otra persona, el proceso es menos estricto. Surendra disfruta el torrente de pensamientos y acontecimientos que pueden desencadenar que le escriba a un amigo. Normalmente deja los errores visibles para mostrar el ajuste en la elección de palabras y su incontenible emoción y nunca establece una fecha para terminar la carta y mandarla. "Cuando empiezas a escribir con los trazos fluidos de la caligrafía no puedes parar", explica. "No es un proceso que se termine en 3, 5, 10 o 30 minutos. Por lo general, tardo alrededor de una hora en escribir una carta y, aunque estoy solo, en cierto modo, la persona a quien escribo también está conmigo".
Cuando la situación lo requiere, Surendra tampoco le tiene miedo a la tiza. Hace unos años (¡casi una década!), mientras tomaba un café con un amigo en una cafetería de Toronto, se dio cuenta de que había una pizarra plegable con un texto que calificó de "horroroso". "En ese mismo momento, fui a preguntarle al dueño si podía rehacerlo", recuerda. "Era una hermosa tarde de verano. Me arrodillé en la acera y pasé una hora reescribiendo el texto". El resultado fue tan impresionante que provocó una oleada de mejoras de los diseños en tiza por todos los establecimientos de restauración de Toronto.
Hace unos años, en la exposición del Kips Bay Decorators Show House, Surendra colaboró con el célebre diseñador de interiores Garrow Kedigian en una sala de dibujo cubierta hasta el techo de intrincados diseños realizados con tiza. El proyecto tardó en completarse casi siete días y los visitantes lo bautizaron coloquialmente como "The Chalk Room" ("La habitación de la tiza") antes de enfrentarse a su destino con un borrador. "Lo que me encanta de este medio es que se puede borrar", dice. "Todos hemos usado tiza en el colegio y entendemos su naturaleza. Es muy fugaz y para mí eso representa lo que es la vida. Puede que tú tengas un plan para dentro de diez años, pero la vida encontrará la forma de decirte: 'No, aquí mando yo'".
Ya sea con tiza o con tinta, lo que más llena a Surendra desde pequeño es el proceso de creación, el despliegue de una habilidad para completar un trabajo. "Siempre me hacía sentir orgulloso", explica. "Siempre he pensado que si puedes hacer algo bien y lo compartes con alguien, te sientes bien".
- TODAS LAS IMÁGENES SON CORTESÍA DE RAJIV SURENDRA



