Una prenda con mucha historia
Casi todos los veranos, Polo presenta nuevos diseños y combinaciones de colores de camisa hawaiana, una de las prendas clásicas estadounidenses con la que más hemos podido dar rienda suelta a nuestra creatividad. Desde su origen, ha viajado por distintas culturas del Pacífico, ha sido moradora habitual del armario de algún presidente de EE. UU., y lleva tiempo recordándonos que vestirse puede ser divertido.Una prenda con mucha historia
Casi todos los veranos, Polo presenta nuevos diseños y combinaciones de colores de camisa hawaiana, una de las prendas clásicas estadounidenses con la que más hemos podido dar rienda suelta a nuestra creatividad. Desde su origen, ha viajado por distintas culturas del Pacífico, ha sido moradora habitual del armario de algún presidente de EE. UU., y lleva tiempo recordándonos que vestirse puede ser divertido.
La frase «novedad atemporal» puede ser un oxímoron, pero también la única manera de describir con precisión uno de los elementos más divertidos y únicos de la larga lista de prendas imprescindibles y duraderas de Ralph Lauren: la camisa hawaiana. Década tras década, Ralph ha dado un giro a la silueta vaporosa y a los estampados tropicales de la exportación textil más famosa de Hawái. Cada año, las colecciones de primavera y verano de Polo incluyen sin falta una nueva línea de camisas con nuevos estampados y diseños.
Pero esta prenda es 40 años anterior al nacimiento de Polo, así que, antes que nada, toca una lección de historia. El origen exacto de la camisa está sujeto a controversia: muchos afirman ser los responsables de su invención. Lo que es seguro es que procede de una mezcla única de culturas del Pacífico. La silueta holgada, sin estampados, se popularizó a finales del siglo XIX como el equivalente isleño de la ropa de trabajo, con un diseño abotonado en la parte delantera adaptado de las prendas occidentales importadas y una silueta cuadrada para llevar sin rematar, quizá copiada de una camisa llamada barong tagalog que llevaban los trabajadores filipinos de los campos de azúcar. En algún momento de la década de 1920, los sastres chinos de Hawái cogieron tejidos japoneses, que podrían haber estado destinados a los kimonos, y los cosieron para crear algo totalmente nuevo. Así nació la «camisa hawaiana».
De arriba a abajo, Elvis tocando el ukelele; Harrison Ford en La costa de los mosquitos; Tom Selleck como Magnum; Brad Pitt en Érase una vez en Hollywood; y Montgomery Clift en De aquí a la eternidad.
El auge del turismo internacional y la llegada de las líneas aéreas comerciales hicieron que esta camisa se popularizara rápidamente. Los turistas se las llevaban a casa como recuerdo, lo que las convirtió en un símbolo de estatus para los viajeros. Según pasaron las décadas hasta 1959, año del nombramiento de Hawái como un estado más de Estados Unidos, esta prenda fue adquiriendo mayor popularidad en el mundo de la moda estadounidense: el presidente Truman lo llevó en la portada de Life de 1951, y 10 años más tarde, Elvis la inmortalizó en Blue Hawaii. Y eso fue todo: una nueva prenda icónica estadounidense de un nuevo estado estadounidense se integró en el canon de la moda masculina.
Para Ralph, la camisa hawaiana ha sido durante mucho tiempo un elemento básico de las colecciones para días cálidos, y el lienzo perfecto para plasmar los estampados informales y los detalles exquisitos que son una parte clave de la sensibilidad de Polo. Cada diseño comienza en el atelier del departamento de estampados de Polo, donde la inspiración puede ser casi cualquier cosa: una prenda antigua y auténticamente hawaiana, una de las muestras más queridas de los archivos de Polo, o una creación elaborada desde cero. Se diseñan docenas de versiones a las que se aplican colores, se amplían y reducen, se voltean y editan hasta que hay un conjunto de opciones listas para que Ralph las revise. El mayor cumplido que puede hacer Ralph es dar el visto bueno a un estampado sin añadir ninguna nota. «Solo faltan las mangas», le gusta decir.
Tras combatir en la Primera Guerra Mundial, Rube P. Hoffman acabó en Los Ángeles, donde vio la oportunidad de aplicar la experiencia en la industria textil que había adquirido en Nueva York. Dado que en aquella época ese sector estaba en plena expansión, en 1924 creó Hoffman California Fabrics, International (bajo el nombre original de Hoffman Woolens) en el centro de Los Ángeles. Pero cuando sus hijos, Walter «Big Wal» y Philip «Flippy», se unieron al negocio familiar fue cuando este adoptó un estilo más californiano. Walter fue un pionero de la cultura surfista y bohemia que surgió tras la Segunda Guerra Mundial y se inspiró en las experiencias vividas durante su época de formación en las islas Hawái para reorientar la empresa en una nueva dirección. Los hermanos Hoffman iban y venían entre el Pacífico sur y la costa oeste y, a finales de los años cincuenta, decidieron instalarse en California para encargarse de la empresa familiar, ya con un aire mucho más surfero y polinesio. El resto, como suele decirse, es historia. Durante casi cien años, Hoffman California Fabrics ha producido tejidos que aúnan belleza y un sentido incomparable de la creatividad. Con los pies firmemente anclados en la arena, Walter se ha mantenido fiel a su visión artística y al estilo de vida que siempre había querido crear. «La familia lo es todo», afirma Hoffman. «Si mi familia no estuviera en esto, ya me habría jubilado». A continuación, comparte sus reflexiones sobre la empresa familiar, el surf en Hawái con los mejores del deporte y una vida vivida según sus propias normas.
¿Cuándo decidió implicarse en la empresa de su padre? ¿Cómo sucedió?
En Hawái no podía ganarme la vida, así que volví a casa y empecé a trabajar con mi padre. Antes de que yo llegara, fabricaban tejidos de colores lisos. Contratamos a un artista que creó algunos diseños hawaianos con los que hicimos estampados, y que vendíamos en la trastienda. Por entonces estábamos en Los Ángeles. Cuando llegó mi hermano, propuso que nos mudáramos a Costa Mesa. Un par de años más tarde, compramos unas tierras en Mission Bay, que es nuestra sede actual.
A la hora de seleccionar tejidos y estampados, ¿qué diseños han tenido más éxito a lo largo de los años? ¿Cómo sabe lo que va a funcionar y lo que no?
En primer lugar, tiene que ser bonito y tener los colores adecuados. Tenemos una cierta intuición sobre lo que va a funcionar. Además, escuchamos a nuestros clientes y aprendemos de ellos. El objetivo es crear estampados que te hagan feliz y te hagan sentir bien. Las flores siempre venden. Cerca del 75 % de nuestros diseños son florales, y el 25 % restante otro tipo de estampados.
Siente una gran pasión por el surf. ¿Cómo empezó esta afición?
Mi primer viaje a Hawái fue en 1949. Cuando terminé el instituto me fui allí con un amigo para hacer surf. Durante el servicio militar pude elegir destino, así que me enrolé en el centro de suministros de Hawái. Trabajábamos en el horario de tardes, de 5 a 9, así que teníamos un montón de tiempo para hacer surf.
¿Dónde surfeaba, y con qué grandes figuras compartió olas?
En verano íbamos a Waikiki. En invierno, cambiábamos a Mākaha y Sunset Beach, en la costa norte. En los años cincuenta, alquilamos una cabaña Quonset en Mākaha y un montón de amigos venían a pasar el invierno. Mi hermano y Buzzy Trent acabaron quedándose. ¡Vino hasta Phil Edwards! Fue genial. Por aquel entonces, si había ocho personas surfeando ¡ya eran muchas!
¿Puede compartir alguna de sus mejores anécdotas surferas?
Una vez estaba en Mā’ili Point, en Hawái, con George Downing, y las olas eran bastante grandes. Estábamos en Cloudbreak, que queda a unos 800 metros mar adentro, y las olas eran tan grandes que ni siquiera podíamos cogerlas. Empezábamos braceando, pero era imposible saber dónde terminaba una y empezaba la siguiente. Podías haber subido casi hasta la mitad de una con los brazos y ni te dabas cuentas. Al final, todos acabamos perdiendo nuestras tablas en una de las olas más grandes, y tuvimos que volver nadando hasta la orilla. Son las olas más grandes en las que he estado, creo que medirían unos diez metros. La verdad es que tampoco pasé mucho miedo; por entonces era muy buen nadador.
Una selección de algunos de los estampados hawaianos que ha producido Polo a lo largo de los años.
Los motivos hawaianos (fauna tropical, bañistas, olas rompiendo, palmeras) tienen un gran protagonismo, por supuesto, pero Ralph y su equipo de artistas nunca se han limitado estrictamente a los tópicos isleños de esta camisa. Las inspiraciones han ido desde la navegación y las regatas hasta los carteles art déco, la colección de automóviles vintage de Ralph y las ruletas de casino. (Véase: La famosa «camisa Casino» de Polo de la década de 1990).
Un ejemplo de ello son algunos de nuestros estampados favoritos de camisas hawaianas de esta temporada. Por ejemplo, hay uno que, para conseguir las clásicas vibraciones isleñas, incluye un fondo verde brillante sobre el que se añade flora multicolor, barcos y un Polo Bear cabalgando unas olas. También hay uno con una paleta playera en tonos azul y blanco que captura el espíritu de los bañistas hawaianos, pero con una influencia internacional, ya que la ilustración se inspira en las representaciones art déco de la Costa Azul. O uno de un atardecer en rojo escarlata con veleros y palmeras realizado en colaboración con Hoffman Fabrics, un legendario pionero de estos estampados desde la década de 1950. Y para ofrecer algo más original, hay uno de un diseño parisino con tintes de acuarela inspirado en los carteles fin de siècle de la Ciudad de la Luz.
Aunque las camisas hawaianas de Polo se han confeccionado con algodón, sirsaca, lino y muchos otros materiales a lo largo de los años, el tejido más clásico y tradicional para una camisa hawaiana, y el empleado en las cuatro anteriores, es uno de los más utilizados por Polo: el rayón. Esta fresca seda sintética, también conocida como viscosa, no podría ser más idónea para una camisa hawaiana: es ligera y fresca, se seca rápido, tiene un drapeado precioso y un tacto elegante, es muy fácil de cuidar y, lo que es más importante, absorbe y retiene muy bien los tintes, lo que la hace perfecta para los colores vivos que definen a una camisa hawaiana.
El concepto básico en esta prenda es "comodidad", lo que incluye la forma de llevarla. Y respecto a eso, siempre decimos lo mismo: como más le guste. Pruébela abotonada bajo una chaqueta informal de lino o abierta sobre una camiseta de tirantes acanalada o una camiseta de rayas. Combínela con unos pantalones cortos y los pies descalzos en vacaciones, o con unos pantalones de tela de chino desteñidos y unos mocasines suavizados por el uso el fin de semana. La única regla, en la medida en que una camisa hawaiana puede tener una, es la siguiente: diviértase con ella.



