El auténtico y atemporal Mundo de Ralph Lauren

Una lista de lecturas con el inconfundible estilo de Ralph

Esta es una lista cuidadosamente seleccionada de grandes libros sobre la vida en Nueva York que combinan un gran estilo literario con la gran elegancia de sus ambientaciones.

Una lista de lecturas con el inconfundible estilo de Ralph

Edición Nueva York
Esta es una lista cuidadosamente seleccionada de grandes libros sobre la vida en Nueva York que combinan un gran estilo literario con la gran elegancia de sus ambientaciones.

Convertirse en artista es arriesgarse, aceptar un reto. Es atreverse a contar la historia que llevas dentro. Es posible que ese sea el motivo por el que tantos escritores, artistas y diseñadores se han sentido atraídos por Nueva York. Es un escenario para la ambición. Las calles, la gente, los edificios y los estilos que se exhiben ofrecen una provocación diaria: ¿Quién eres y qué puedes enseñarnos? Los artistas que acaban definiendo una época son los que aceptan este reto. Responden al cuadro urbano como individuos, inspirados y vivos, mientras la ciudad cambia ante ellos, conservando su misterio y su encanto. He aquí, pues, una lista de escritores y escritoras que han captado el poder transformador de Nueva York.

El grupo
Mary McCarthy

Esta escandalosa novela, ambientada en 1933, comienza con la boda en Stuyvesant Square de la bohemia pareja formada por Kay Leiland Strong y Harald Petersen, «demasiado ocupados y dinámicos para dejar que las convenciones coarten su estilo». Kay es una pintora que viste con peto; Harald, un dramaturgo con zapatos de ante marrón. Kay tiene siete compañeras de habitación en Vassar, el Grupo, que comparten el deseo de no «ser como mamá y papá: estirados y asustadizos». Seguimos a estas mujeres, en su mayoría de clase alta, a través de sus experiencias con el matrimonio, la independencia, el desencanto y el amor frustrado. El libro fue en su momento un escándalo por la forma abierta en la que representa el deseo femenino (que todavía puede considerarse bastante explícito), pero aún se mantiene actual gracias a su forma de describir cómo los mundos sociales de la ciudad dan forma a un grupo de amigas. Es el precursor de Sexo en Nueva York, Girls y tantos otros relatos generacionales.

Una carrera en la moda
Bill Cunningham

De creer los rumores que se expandían por la sala de redacción de The New York Times, Cunningham era descendiente de los primeros colonos llegados en la Mayflower, aunque procedía de una clase media irlandesa católica y vivía como un monje de la moda en un apartamento encima del Carnegie Hall. Durante tres décadas, fotografió a los neoyorquinos vestido con una chaqueta francesa azul (ahora icónica) y pantalones de chino, viajando a todas partes en bicicleta. Cunningham documentaba todo cuanto le llamaba la atención: mujeres cambiando sus tacones por deportivas, elegantes complementos de colores inusuales, neoyorquinos sorteando charcos... «El cambio constante es el aliento de la moda», escribe en estas memorias, en las que cuenta su madurez con el aplomo y el ímpetu que imprimía a sus fotografías. Este joven homosexual, cautivado por «la brillante ostentación de Park Avenue», había llegado a la ciudad persiguiendo el sueño de convertirse en sombrerero. Escapa de su pasado y, de algún modo, se convierte en quien llega a ser.

Esto es Nueva York
E.B. White

En el verano de 1948, por invitación de la revista Holiday, E.B. White tomó el tren a Manhattan desde el Brooklin de Maine, y tomó el pulso a sus viejos lugares. El resultado fue uno de los grandes ensayos sobre Nueva York, que su hijastro Roger Angell describe como «toda una ciudad expresada en siete mil quinientas palabras». Se puede leer el ensayo en una tarde y saborear los epigramas de White («Nadie debería venirse a vivir a Nueva York a menos que esté dispuesto a tener suerte») y su fría valoración de la cambiante metrópolis. «La fiebre esencial» de la ciudad está intacta, pero White detecta un nuevo estado de ánimo en el aire: «La ciudad, por primera vez en su larga historia, es destructible». White escribía a la sombra de la guerra nuclear, pero sus insinuaciones de fragilidad se hacen hoy más fuertes. Nueva York sigue siendo una experiencia inverosímil de civismo y cooperación. Aportamos nuestro estilo y nuestro sentido de nosotros mismos.

El Crack-Up
F. Scott Fitzgerald

En El Gran Gatsby, Fitzgerald presentó una visión poderosamente romántica de Nueva York: «El puente de Queensboro, ese puente en el que uno siempre siente que va hacia una ciudad encantada, que surge ante los ojos como una visión de belleza». El Crack-Up, una colección de ensayos de Fitzgerald publicados tras su temprana muerte mientras vivía en Hollywood, nos ofrece la otra cara de esa visión, ahora moldeada por la experiencia. En el bello y luminoso ensayo Mi ciudad perdida, Fitzgerald transmite la euforia de cuando la ciudad abre sus puertas y se desliza del taxi a los clubes nocturnos y a los apartamentos privados en un brumoso resplandor de alcohol y fama. Tal vez no haya un sentimiento más fuerte. Y luego, la caída, cuando el tiempo que pasa en Manhattan empieza a parecer irreal, como si hiciera malabares en un escenario o fuese un actor interpretando un papel. «Así me despido de mi ciudad perdida», escribe Fitzgerald. «Vista desde el ferry por la mañana temprano, ya no susurra sobre el éxito fantástico y la juventud eterna».

Otro país
James Baldwin

Este irresistible libro es fruto de las experiencias de Baldwin como hombre negro que cambiaba entre la comodidad y la claustrofobia familiar de Harlem y la apertura y experimentación del Greenwich Village. También es una historia muy neoyorquina, ya que se centra en una muerte sorprendente e impactante y en el grupo de amigos y amantes que intentan encontrarle sentido a las secuelas. Baldwin quería que su prosa se leyera como el jazz y, casi al principio, invoca la famosa metáfora del «ritmo» que se siente en la ciudad y que parece guiar la vida de sus habitantes. Sus personajes (un batería de jazz, un novelista en apuros, una bonita sureña y un aspirante a actor) se lanzan a las calles, los clubes nocturnos y las salas de música en busca de placer y olvido. La prosa furiosa de Baldwin transmite una existencia neoyorquina que puede ser excesiva y, a la vez, exactamente lo que necesitas.

Franny y Zooey
J.D. Salinger

En estas breves historias bellamente enlazadas, Franny Glass vuelve de la universidad al apartamento de su familia en el Upper East Side presa de un «pequeño ataque de nervios». El desencadenante es una cita de fin de semana para ver un partido de fútbol americano universitario en la que Franny, al bajar del tren con un raído abrigo que la distingue de las demás chicas, invariablemente vestidas con jersey de cachemira y falda de franela, se siente bruscamente repelida por la irritante presencia de su pretencioso novio, Lane. En Manhattan, Zooey, su hermano actor, se ocupa de la psicología de Franny y la guía hacia la aceptación de un mundo roto e imperfecto. Estas historias establecieron el arquetipo de cierto tipo de vida neoyorquina (intelectual, frágil, crítica, glamurosa y descentrada) que se plasmaría en las películas de Woody Allen y Wes Anderson y se alojaría en lo más profundo de los corazones de innumerables aspirantes a literatos.

Carol
Patricia Highsmith

En diciembre de 1948, Highsmith registró en su diario un extraordinario encuentro con una mujer de alta sociedad mientras trabajaba en Bloomingdale's: «¡Cómo nos miramos, pensando... qué mujer de aspecto inteligente!». Aquella misma noche volvió a casa y esbozó el argumento de lo que se convertiría en Carol, en la que Therese, una joven escenógrafa, tiene un romance con Carol, una elegante mujer casada en pleno proceso de divorcio. A diferencia de muchas películas y novelas de la época, la conexión entre Therese y Carol no lleva a la ruina ni a la condena. Highsmith da un final feliz a sus amantes. El libro se convirtió en un clásico de culto underground del que se vendieron más de un millón de ejemplares en tapa blanda. La novela está llena de las bellas texturas del Nueva York de mediados de siglo (pieles, ante, coches color crema) y también de los códigos y significados ocultos que juegan bajo esas superficies, más cerca de los deseos prohibidos.

Pero hermoso
Geoff Dyer

Este libro inusual tiene fama de ser el único libro sobre jazz que realmente gusta a los músicos de jazz. Dyer improvisa con los hechos biográficos, hilándolos en una serie de retratos ficticios de grandes como Lester Young, Charles Mingus, Bud Powell y Chet Baker. Este método nos acerca al espíritu de estos músicos y nos hace sentir lo que es vivir dentro de la música y tocar música a partir de la propia historia, la memoria y los vicios. Harlem, el Village, Broadway, las largas avenidas, la desesperación matutina y las noches animadas: la ciudad forma parte de la historia de estas vidas consagradas al jazz que operan en un tono diferente, en un plano distinto. A lo largo de todo el libro, Dyer hace las observaciones y comentarios de un virtuoso de la música: «Con Chet, la canción hacía todo el trabajo; Chet solo tenía que sacar la ternura magullada que hay en todas las canciones antiguas». Terminas el libro, vuelves a la primera página y lo vuelves a tocar.

Michael Agger, a former editor at the New Yorker and Slate, is a writer living in Brooklyn.