El arte de la artesanía: Lauren Dillon
Cómo un taller familiar de escayolistas en Carolina del Sur mantiene viva una tradición histórica a través de los años... y de las capasLa historia de Master of Plaster se remonta nueve generaciones atrás, hasta finales del siglo XVII, y se inicia con Christopher Kempster, un escayolista británico de renombre (que trabajó, entre otros grandes proyectos, en la Catedral de San Pablo de Londres). Sus herederos mantuvieron la actividad familiar a lo largo del siglo XX, hasta que Michael Kempster, que ayudó personalmente a restaurar la Isla Ellis, falleció a causa de un cáncer en 2008. Kirk Dillon, un amigo de Mike, que también trabajaba como escayolista, recogió el testigo del negocio y, actualmente, trabaja con sus tres hijas, que se encargan de diversas funciones.
Lauren Dillon trabaja como como diseñadora ejecutiva y aplica su experiencia en diseño y arquitectura a proyectos creados en torno a los enlucidos con cal (entre los que se incluye, por ejemplo, la restauración del Lazareto de Filadelfia -un edificio de 1799 que se utilizó como el primer hospital de cuarentena de América-, la construcción de un centro de investigación para el cáncer infantil en Washington, D. C., y otros encargos para clientes particulares y comerciales).
“Trabajamos de diversas maneras”, comenta. “En proyectos en los que realizamos el acabado, aplicamos el enlucido. En general, aplicamos como mínimo tres capas. Este proceso se realiza a mano y cada capa tienen que secarse antes de aplicar la siguiente”. Durante este proceso único, la cal reabsorbe dióxido de carbono del aire, lo que evita que se seque (como la arcilla o la pintura), y es esto lo que aporta belleza y profundidad a este material. La duración del proceso puede depender de la temperatura y la humedad del entorno en el que se trabaja, pero, normalmente Dillon calcula que puede realizarse una capa al día, que se deja secar por la noche.
Durante todo el proceso, Dillon utiliza una tabla para cargar la mezcla y una llana, dos herramientas sencillas que llevan siglos utilizándose. “Una de las cosas que me fascina de este arte es que, en un mundo donde imperan los avances tecnológicos, las herramientas del escayolista no han cambiado,” comenta. “Las herramientas que usamos hoy día son exactamente las mismas que se usaban en el siglo XVII o incluso antes”. La cal que utiliza en todos sus trabajos se elabora a mano y se cura en pequeños lotes en Columbia, Carolina del Sur (donde Kempster reubicó su negocio). Ofrecen varias líneas diferentes con diferentes formulaciones, además de encargos a medida para algunos clientes. (Uno de los últimos trabajos personalizados para un arquitecto de California incluía arena negra con caliza triturada en la mezcla). Muchas veces, también se encargan del tinte en el taller para satisfacer las necesidades de un arquitecto, un diseñador u otro cliente en particular; un proceso que requiere mucho trabajo, pero cuyo resultado son colores únicos.
Los resultados son espectaculares y únicos. Su nivel de artesanía logra embelesar a aficionados y legos en la materia por igual, aun cuando pueda resultar difícil de explicar exactamente por qué. “Los materiales extraídos de la tierra aplicados a un espacio interior iluminan de forma diferente, independientemente de si el espacio es comercial o residencial. La cal se apropia la luz de la mañana de forma diferente y también refleja de forma distinta la luz del anochecer. La experiencia se eleva a otro nivel”, afirma.
Pero Master of Plaster no se limita a elevar la experiencia de las personas en los proyectos en los que participa, sino que Dillon también imparte talleres, en parte para combatir la idea de que este trabajo es un arte en vías de extinción, pero, ante todo, para compartir con sus alumnos todo lo que ha aprendido. “Siento que mi misión es mantener el legado de Mike”, asegura. “Sería injusto que no compartiera todos estos conocimientos, el saber hacer y la artesanía”. Gracias a Master of Plaster, la tradición seguirá viva durante otra generación... ¡o quizá durante otras nueve!
- Cortesía de Lauren Dillon



