Aislados En La Nieve
El Bombardier, el primer vehículo patentado para desplazarse por la nieve, sigue siendo una pieza única y codiciada para los coleccionistas, y ofrece un paseo inolvidable para los exploradores amantes del fríoEs una mañana tranquila en el extremo occidental del Parque Nacional de Yellowstone, tan fría que el aire caliente que emana de las fosas nasales de las manadas de bisontes se acumula en una nube de condensación sobre ellos. Se abren paso con lentitud y se adentran en la llanura helada mientras una estruendosa máquina de baja altura avanza a pocos centímetros de ellos para no molestarles. Tiene forma redondeada y está colocada sobre dos orugas y un par de esquís. Parece de otro mundo, o quizá de otra época, aunque no se sabe con certeza si del pasado o del futuro. Es raro ver este tipo de vehículo, tanto que no hay un consenso sobre cómo llamarlo. Para algunos, es simplemente una moto de nieve, y para otros, un «bicho de nieve» o un «gato de nieve», pero para un pequeño grupo de operadores incondicionales, esta máquina recibe el nombre de Bombardier.
El Bombardier, fabricado entre 1937 y 1981 de la mano del canadiense de aviones homónimo, fue idea del fundador Joseph-Armand Bombardier, de quien se dice que quería un automóvil capaz de «flotar sobre la nieve». El primer resultado, el Bombardier B7, ofrecía asientos para siete pasajeros dentro de una construcción metálica oscura y traqueteante que pronto se convirtió en un medio de transporte esencial para los carteros y los estudiantes canadienses durante la difícil temporada de nieve, que podía durar seis meses o más. A lo largo de sus 44 años de producción, la mayor parte de la cual se basó en el ensamblaje manual, se hicieron pequeños ajustes en la composición del Bombardier: pasó de una estructura de madera a una de acero y se le añadió espacio para acoger a más pasajeros o carga adicional.
Hoy en día, sigue siendo un caballo de batalla y un vehículo de placer a partes iguales. Para John Layshock, propietario de Caldera Tours, que lleva a los viajeros de invierno a Yellowstone, su Bombardier de 1952 llegó gracias a un descubrimiento fortuito en una subasta online, donde se ofrecía una selección de maquinaria en desuso propiedad del Servicio de Parques Nacionales. «Para cumplir las normas de emisiones, tuvimos que equiparlas con motores modernos, pero yo di un paso más allá», explica. Se le añadió dirección asistida, asientos con calefacción, un techo solar, ventanas más grandes para admirar las cadenas montañosas y fauna salvaje, y detalles cromados para complementar el interior de madera. Algunos días, organiza un almuerzo junto al parachoques trasero. «Siempre causa cierta confusión cuando nos encontramos con otros visitantes del parque», comenta. «Algunos piensan que es un vehículo militar y otros que es un tractor».
También hay puristas en la comunidad Bombardier, como Graydon Davidson, de 23 años, cuya familia posee y explota una flota de 20 Bombardier en el lago Simcoe de Ontario. Durante los meses de invierno, cuando el lago se congela con 30 centímetros de hielo o más, atraviesan la nieve profunda y el aguanieve a unos seis kilómetros de la costa para probar suerte en su pasatiempo favorito, la pesca en el hielo. «Los nuestros son Bombardier auténticos y originales, como lo eran cuando salieron de la cadena de montaje hace 40, 50 o 60 años», afirma. Entre ellos, su R-18 de 1974, llamado «Miss Bonnie», es su favorito, dada su improbable procedencia. «Estaba tirada en un campo, más al norte, en Cochrane (Ontario)», recuerda Davidson. «No tenía orugas ni puertas, era una máquina desguazada en un campo. La devolvimos a la vida, y la he conducido desde que era un niño».
Las historias de restauraciones impresionantes son habituales en el mundo de los Bombardier. Saber que nunca volverán a fabricarse confiere a cada propietario la misión única no solo de dar vida a sus propias máquinas, sino de continuar el legado de este pedazo de historia que, al igual que la vida salvaje que encuentra en sus lejanos viajes, sigue en peligro de extinción. «Son difíciles de encontrar y nunca es fácil restaurarlas», afirma Davidson. «Pero teniendo en cuenta el trabajo que hacen, y la historia que hay detrás, es cierto que no hay otra máquina igual en el mundo».
- CORTESÍA DE Caldera Tours
- CORTESÍA DE Wikicommons



