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Juegos divertidos

Ahora pasamos todos más tiempo en casa y, probablemente, demasiado tiempo delante de las pantallas. Presentamos un ejemplo de un juego de mesa tradicional que entretendrá a todas las generaciones.

Cada 4 de julio, viajo con mi familia a Minnesota, mi estado natal, y nos alojamos en una casa de unos cien años de antigüedad, ubicada cerca de un lago, al norte de Minnesota. A lo largo de los años, este lugar se ha ido ampliando, pero la residencia principal, que forma parte del Registro Nacional de Lugares Históricos, sigue siendo el centro del complejo, y, cada año, cuando llegamos, pasamos por delante de la gran chimenea de piedra coronada por una cabeza de alce, nos paseamos por debajo de la gran lámpara de araña hecha con cuernos y, mientras la abuela nos registra a todos en la recepción, esperamos sentados ante un antiguo damero, situado en una mesita baja, y echamos una partida rápida a ese juego al que solo jugamos cuando estamos en Grand View Lodge.

Los viejos y simples dameros no tienen nada que hacer frente al placer infinito que nos proporcionan los dispositivos de última generación y máxima precisión que caben en la palma de nuestra mano. (No se ofenda si este comentario le ha hecho desconectar momentáneamente de la aplicación TikTok. No era mi intención molestar). El caso es que en estos viajes al norte, aunque llevamos nuestros teléfonos, suelen quedarse en el bolsillo, y nos empapamos de la historia del vestíbulo de la casa y su agradable olor a leña (todo esto después de habernos hecho la foto de rigor delante de la chimenea de piedra, por supuesto). Nuestra atención se centra en las espectaculares vistas del lago y, curiosamente, en el damero.

Este es uno de esos pocos casos en los que la tradición supera a la tecnología. Estoy convencido de que todo el mundo, hasta los más jóvenes, que son incapaces de imaginarse un mundo sin redes sociales, cuando se sientan ante esta mesa, sienten de manera innata que forman parte de una historia que se transmite generación tras generación. Espero que mi hija de 13 años, un día se siente con su propia hija ante esta misma mesa y mueva las piezas a través del tablero para jugar a este juego que no dura más de ocho minutos, y cuyo resultado es totalmente desconocido en cada nueva partida.

Grand View Lodge en Nisswa, Minnesota
Grand View Lodge en Nisswa, Minnesota

Pero esto no es lo único que he aprendido en estos viajes. Estas escapadas familiares me han enseñado que: Las damas son un juego transgeneracional casi perfecto. Es lo suficientemente sencillo para que los niños lo entiendan rápido y lo suficientemente difícil y con un final bastante abierto para que puedan ganar a sus padres. Además, es un juego rápido que siempre da lugar a una revancha, a pesar de los gritos de algún otro miembro de la familia para que vayamos todos a cenar.

Ahora que estamos todos en casa, he estado reflexionando, al igual que otros muchos padres, en las características específicas del «tiempo de calidad» y he descubierto que he empezado a apreciar la distracción compartida que proporcionan los juegos de mesa. Son juegos que unen y que, a su vez, permiten centrarse en algo distinto, además del otro, por lo que acaban uniendo más que el simple hecho de sentarse a hablar (algo que, ya que estamos, tampoco es que esté entre la lista de cosas que vamos a hacer con un preadolescente).

El juego de mesa no tiene por qué ser las damas. Por ejemplo, el Scrabble (es decir la versión con tablero del juego en línea Apalabrados) es mi preferido desde siempre (a partir de los 12 años más o menos), el Monopoly, el Risk, el Yahtzee o cualquier otro juego clásico que haya pasado la prueba de los años, todos ellos tienen sus adeptos. No porque sea un juego antiguo deja de ser un buen juego (puede consultar esta lista de juegos de los años 50 para descubrir algunos que merecen ser tan conocidos como el hula-hoop). Algo que sí que es cierto es que en lo que respecta a la calidad, cuanto más antiguo, suele ser mejor. Por lo que si busca un juego resistente, mejor buscar en eBay o en Etsy en lugar de cualquier gran superficie.

Parece que este año no iremos a Grand View el 4 de julio (hemos aplazado el viaje para mediados de agosto, crucemos los dedos...) pero hemos jugado a las damas, al Scrabble y a otros muchos clásicos y estamos empezando a establecer una nueva tradición, que no requiere salir de casa.

Tyler Thoreson es un antiguo editor de Ralph Lauren. Vive en Nueva York con su mujer y sus tres hijos.
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