El auténtico y atemporal Mundo de Ralph Lauren
noviembre 2025
RL/Sociedad

Las muchas y sorprendentes vidas de Neil Zarama

Esta temporada marca el inicio de una colaboración especial con uno de los grandes nuevos talentos de la orfebrería indígena, que comparte nuestra pasión por la autenticidad y la narración de historias. La colección hecha a mano incluye, entre muchos artículos, brazaletes, anillos y hebillas de cinturón, y el hombre que hay detrás de ella se ha forjado a sí mismo a través de una vida llena de aventuras y renovación.
Por: Tommy Orange
En cuanto empecé a hablar con el artista apache Neil Zarama me di cuenta de que tenía demasiadas historias que contar, y que era imposible que hubiera tiempo para contarlas todas. Hay una especie de merecida urgencia que se puede percibir en la voz de una persona, una persona que realmente ha vivido y conoce la vida, su vida, y sabe que su historia aún no se ha contado. Las palabras y las anécdotas brotaban de él como de un hombre al que se le acababa el tiempo. No es que hablara sin sentido o de forma frenética, en absoluto. Se podría comparar con la velocidad de las letras del punk rock. Después de todo, una de las muchas maneras de las que se autodenominaba era «chico punk rock de ciudad». En mi opinión, la urgencia de su voz se debía a que una parte de él sabía que, a pesar de haber forjado en plata parte de esas historias con sus propias manos y de haber decorado esa plata con turquesas al estilo antiguo, siguiendo la estela de los joyeros navajos, él aún no había terminado de expresar el particular tapiz que conforma su larga y variada vida. Neil es una persona increíble, sensato como pocos. También es auténtico, con esa sencillez que se adquiere al llegar a la medianoche de una vida que se ha vivido plenamente, pero a la que le queda mucho más por delante, como transmiten la vitalidad y la energía de su voz. Así que, incluso antes de que me lo contara, esa voz me expresaba que había vivido muchas vidas antes de llegar a ser lo que es ahora, con sus 56 años, como propietario y artista platero de la empresa Whirling Log and Arrow; creador de motocicletas (Arrow Choppers); padre; marido; y proveedor de accesorios para chopper, corbatas bolo, pulseras, anillos, collares, cinturones, o lo que se pueda imaginar, a los actores indígenas más notables de la actualidad, como Jason Momoa, Zahn McClarnon o D'Pharaoh Woon-A-Tai, entre muchos otros.
HORA DEL MARTILLO
Zarama, arriba, en su taller de choppers y orfebrería, situado en el distrito Excelsior de San Francisco; varias piezas de la nueva colección, realizadas con plata de ley y turquesa procedentes de América y con motivos atemporales de profundo significado en la cultura nativa americana, como el Pájaro del Trueno (poder, protección) y la flecha (propósito y perseverancia).
Zarama es un hombre que no solo ha vivido muchas vidas, sino que también se ha reinventado a sí mismo a lo largo del camino, según le ha parecido conveniente. De hecho, no fue hasta los 42 años cuando descubrió quiénes eran sus padres biológicos. Para entonces, ya era propietario de un sello discográfico en el Reino Unido, había pinchado en raves en Oakland en los años 90 y había trabajado con Leapfrog y Pixar fabricando juguetes y otros tipos de artilugios educativos. Durante un tiempo se codeó con la gente de Silicon Valley. No fue hasta la pandemia cuando empezó a dedicarse a la orfebrería y al diseño de joyas. Hace solo cinco años. Hacer algo durante cinco años no suele conducir a ese nivel de éxito. Le pregunté qué creía que le había permitido aprenderlo todo tan rápido. Me respondió: «Construir choppers y trabajar con las manos en el garaje siempre me ha resultado fácil. Pero no mejoré hasta que los maestros herreros diné [navajo] me enseñaron técnicas antiguas que me faltaban en mi proceso de aprendizaje». Diez años antes de eso fue cuando descubrió quién era su padre, un apache chiricahua al que nunca había conocido. A pesar de haber crecido amando los powwows y de tener amigos indígenas (San Francisco era así, se podía vivir todo tipo de vidas, conocer a casi cualquier tipo de persona), no sabía que era indígena americano. Pero incluso en una ciudad tan densa y con tanta historia como San Francisco, escuchar a Neil Zarama contarme su historia me pareció singular y nuevo. Nació en San Francisco, en 1969. Sus padres se conocieron allí durante el Verano del Amor. Ella era una chica de origen alemán de 15 años, procedente de Central Valley, y su padre, de 19 años, había crecido en una reserva india. Su madre no lo sabría hasta décadas más tarde, pero su padre había acabado cumpliendo condena en prisión. Ella se fue a vivir durante un tiempo a un hogar para madres solteras. Neil fue adoptado por una familia colombiana. Para él, esa es y siempre será su verdadera familia. Lo dejó claro. Se hizo una prueba de ADN. Sabe el origen de su sangre y sabe quién lo crio. Les cuento estos hechos sabiendo que, sobre el papel, pueden parecer tristes para el lector medio. Pero él los contó con entusiasmo, reiterando, mientras hablaba, que tenía la mejor familia que podía haber pedido, la familia más increíble, la vida más increíble. Tuve la sensación de que Zarama no quería que su vida empezara a parecer un tópico, solo por las circunstancias. Tuve la sensación de que, tras haber aprendido de las experiencias buenas y de las experiencias difíciles, sabía demasiado de la vida para no entender en qué lado estaba.
Durante la pandemia fue cuando empezó a dedicarse a la orfebrería y al diseño de joyas. Hace solo cinco años.
Hace solo ocho meses que se sometió a una operación de cáncer de tiroides. Sigue trabajando duro. Al verlo en su espacio, se nota que se mantiene ocupado. Le apasiona lo que hace. Trabaja en el garaje de su casa, en el distrito de Excelsior. El interior del garaje es, de alguna manera, desordenado y elegante, como son los de aquellos que viven y trabajan en las casas pequeñas de esta zona. En todas sus piezas, desde gemelos hasta palancas de cambio, se aprecia una visión clara, un retorno al diseño antiguo, pero con un minimalismo que resulta moderno. Zarama afirma: «Aunque soy de ascendencia apache, todo lo que sé se lo debo a los orfebres diné de finales del siglo XIX y principios del XX». Que el modernismo tome prestado de lo tradicional no es nada nuevo. Ocurrió durante el periodo art déco, con su estética vanguardista; los diseños indígenas del suroeste se hicieron tan populares que se creó un subgénero al que llamaron «Pueblo déco». Teniendo en cuenta la cantidad de celebridades indígenas que llevan sus piezas en películas, desfiles de moda e Instagram, no creo que exagere al decir que el estilo de Zarama se ha hecho icónico. Y es destacable que haya actores indígenas que lleven las obras de arte de otros artistas indígenas contemporáneos, y que haya series escritas, dirigidas y producidas por indígenas. Es un hecho sin precedentes, y aún queda mucho por hacer en este sentido. Los patrones nativos llevan muchos años siendo robados y reutilizados por personas, organizaciones, naciones y corporaciones. Desde hace ya varios años, Ralph Lauren invita a artistas nativos a colaborar en colecciones especiales como forma de honrar el legado de estos diseños y de apoyar y reconocer adecuadamente su trabajo. Aquellos que no solo diseñan, sino que también fabrican lo que crean, forman parte del programa Authentic Makers de la empresa, y Neil Zarama es el último en participar, cambiando el mundo por méritos propios. Es un artista en la cima de su especialidad, con un largo camino por delante y una chopper tuneada para recorrerlo.

Tommy Orange es el autor de There There, una novela que fue finalista del premio Pulitzer de 2019.