Guía especializada: El Aspen de James Salter
El icono literario estadounidense fue también esquiador, escalador, piloto de caza y, durante muchos años, el espíritu de un Aspen pasadoEl escritor estadounidense James Salter (1925-2015) basó su primera novela, Los cazadores, en su experiencia como piloto de caza en la guerra de Corea. En Años luz retrata el desmoronamiento de un matrimonio en el valle de Hudson, y su novela más aclamada, Juego y distracción, de 1967, está ambientada en la campiña francesa. Sin embargo, es Aspen, Colorado, el lugar que más nos recuerda al escritor, puesto que es allí donde James Salter, originario de Nueva Jersey, se instaló con su familia en 1968.
A mediados de la década de 1970, con el objetivo de escapar de la escena editorial neoyorquina, Salter adquirió y restauró una antigua cabaña minera en el histórico barrio West End de Aspen. Se convirtió en un experto escalador y esquiador, y él y su segunda esposa, Kay Eldredge, eran conocidos en los alrededores por sus veladas íntimas (relatadas en su delicioso libro de 2010, Life is Meals). «Tenías que estar realmente interesado para querer ir allí. No era un megadestino turístico», comenta Eldredge sobre Aspen hace 50 años. «Desprendía otro tipo de sofisticación».
Aunque su hogar adoptivo apenas apareció en sus obras, Salter se creó una envidiable vida de escritor en la que una vez llamó la «reina de las estaciones de esquí estadounidenses». A continuación, presentamos un recorrido por algunos de los rincones favoritos del escritor, que aún siguen en boga. En cuanto a la cabaña del West End, (un alojamiento único de tres dormitorios) está disponible en Airbnb.
EL BAR
En la época de Salter, el bar del hotel Jerome, del siglo XIX, era el centro social: «Desde el cierre de los remontes mecánicos hasta pasada la medianoche, todo el mundo estaba allí (o había pasado por allí)», escribió. El periodista gonzo Hunter Thompson, otro escritor famoso de Aspen, iba allí para ver el fútbol americano y, según su estado de ánimo, «se dedicaba a lanzar comida o bebida a la pantalla». El J-Bar, como ha sido rebautizado, tiene ahora que competir con The Little Nell, The St. Regis y otros locales de lujo. Pero sigue siendo un lugar elegante con historia, y la cocina del chef Rob Zack ofrece la que posiblemente sea la mejor hamburguesa de la ciudad. La última apertura del hotel ampliado es Bad Harriet, un elegante salón de cócteles ubicado en el sótano de la imprenta reconvertida de al lado.
LA LIBRERÍA
Durante la época de Salter, Aspen tenía nada más y nada menos que cinco librerías. De ellas, solo ha sobrevivido Explore Booksellers. Salter era amigo de su propietaria original, Katharine Thalberg, hija del productor de Hollywood Irving Thalberg, y consideraba que esta había logrado realizar una renovación «deslumbrante» de una antigua casa victoriana. (Thalberg organizaba una fiesta allí cada vez que Salter publicaba un nuevo libro). Varias personas adineradas de Aspen han mantenido en pie el antiguo centro literario de Thalberg desde que ella murió en 2006. Además, la vanguardista cafetería vegetariana que instaló en el piso de arriba es ahora Pyramid Bistro, la mejor apuesta de la ciudad en la que degustar tofu con limoncillo, ñoquis de boniato y otros espectaculares platos sin gluten.
LUGARES PARA ESQUIAR
Aunque no aprendió a esquiar hasta bien entrada la edad adulta, Salter se convirtió en un esquiador intrépido y audaz y siguió practicando este deporte hasta pasados los 80 años. Uno de sus artículos más emblemáticos describe una trepidante carrera en Kitzbühel con el campeón austriaco de descenso Toni Sailer. En palabras de Salter, la nieve en Aspen «es maravillosa, a menudo tan impecable y fría que esquiar sobre ella es como deslizarse sobre terciopelo». Le apasionaban las pistas más exigentes de Aspen Mountain; los descensos de Corkscrew o Franklin Dump evocaban «la gélida sensación del terror» solo con pronunciar su nombre. Sin embargo, Salter anhelaba la soledad y el ambiente local de las montañas de Aspen, especialmente durante la temporada más activa de la estación de esquí. Nunca se explayó sobre esta zona en sus escritos de viajes, posiblemente porque no quería atraer a más gente. Highlands sigue siendo un paraíso para los esquiadores más aguerridos (más de un tercio de las pistas son pistas negras doble diamante) y, aunque el acceso a los remontes ha mejorado, sigue sin estar al nivel de la ostentación y la masificación de las otras tres estaciones de esquí de Aspen.
RESTAURANTES
«Si algo lleva 10 años en Aspen se considera viejo. Pero si lleva 20 años es una tradición», escribió Salter. Los restaurantes tienden a tener una vida corta. Es principalmente por ello por lo que la mayoría de los restaurantes favoritos del autor han desaparecido. Sin embargo, el indómito Red Onion es una excepción. Data de 1892 y podría ser el único establecimiento de Aspen que es menos elegante ahora que cuando abrió. Los clientes habituales acuden allí por las alitas, las patatas fritas y los tacos, que los estudiantes de los institutos y universidades locales llevan a la mesa, al menos en verano, y por la impresionante selección de whiskys. Últimamente se ha mejorado el menú y el año pasado se amplió la terraza. Otro vestigio de la época de Salter es Pine Creek Cookhouse, aunque está un poco alejado del centro. Actualmente, el menú «gourmet alpino» ha sustituido a la comida húngara que se solía servir: solomillo de búfalo con chimichurri, trucha arcoíris al limón y bocadillo de salchicha de alce con pan jalá tostado.
ESCAPADAS
Salter recomendaba encarecidamente la zona que rodea el pueblo fantasma de Ashcroft, situado a 19 km en coche del centro de la ciudad por Castle Creek Valley, para practicar esquí de fondo. Tanto a él como a Eldredge les gustaba llevar allí a sus invitados de fuera de la ciudad. Las cabañas mineras abandonadas crean un paisaje pintoresco y un restaurante cercano sirve suculentos almuerzos en una terraza climatizada a quienes vuelven hacer ejercicio. En Ashcroft Adventure Lodge también se alquilan equipos en verano, una época ideal para practicar senderismo y ciclismo.



