Explorador
El montañero Bradford Washburn no solo ascendió los picos más importantes de Alaska, sino que los fotografió y nos sorprende con maravillosas instantáneasEl intrépido montañero y fotógrafo de exteriores Bradford Washburn arriesgó su vida para conseguir la foto perfecta, colgado de un avión a 4500 metros de altura con un traje improvisado de piel de oveja, un casco con forro de piel, una manopla en una mano y un guante en la otra para poder manejar la cámara. Se trataba de su cámara preferida; un dispositivo de gran formato y 24 kilos de peso. Washburn se vio obligado a desmontar la puerta del pasajero del avión antes de amarrarse al fuselaje para no caerse mientras gritaba y hacía señales al piloto entre el rugido del motor y el fuerte viento (ayudó el hecho de que Washburn fuera también piloto). El mayor reto era conseguir fotos nítidas a pesar del movimiento del avión. ¿Cuál fue la solución? Washburn ideó una forma de amarrar su cámara a unas correas de malla entrecruzadas, para que quedara suspendida como si fuese una araña gigante en su tela. Después sincronizó sus instantáneas a los movimientos del avión. Según explicó más tarde, disparaba una fotografía en la "cumbre de cada salto".
En los años 30 y 40, era necesario realizar este tipo de vuelos vertiginosos para capturar en imágenes las montañas más salvajes de Norteamérica. Y no había nadie que las capturara mejor que Washburn.
Antes de dedicarse en serio a la fotografía, Washburn, que falleció en 2007 con casi 100 años, era uno de los mejores escaladores del mundo. A lo largo de su carrera escaló muchos lugares en los que nadie antes había puesto el pie y consiguió inspirar a generaciones de alpinistas a seguir sus pasos. Sus lugares preferidos eran Alaska y el Yukón, donde, entre 1933 y 1953, logró ser el primero en ascender nada más y nada menos que cinco picos remotos, entre otras muchas hazañas. El monte Denali, de más de 6000 metros de altura, se convirtió en la gran obsesión de este enérgico montañista de Boston, de 65 kilos de peso. Washburn lideró el tercer equipo que escaló el pico más alto de Norteamérica, el monte Denali, conocido por aquel entonces como McKinley, y estableció la ruta que, 70 años después, sigue siendo la más popular. Como es de esperar, Washburn es toda una leyenda entre los alpinistas. Pero el legado de Washburn no termina ahí. Mientras conquistaba y estudiaba las grandes montañas, Washburn realizó algunas de las fotografías de paisajes más impresionantes del siglo XX, así como las primeras imágenes aéreas del Denali, para el deleite de quienes admiramos la montaña desde tierra firme.
Washburn era hijo de un ministro episcopal y miembro de una antigua familia de Massachusetts. Consiguió su primera cámara a los 10 años y aprendió a hacer fotos de manera autodidacta. Aunque podríamos decir que era "de sangre azul", no nadaban en la abundancia. Sin embargo, un tío adinerado le pagó los estudios en Groton y su madre temía que su hijo decidiera hacer una carrera de guía. Pero no había por qué temer. Washburn aceptó un trabajo en Harvard y empezó a enseñar en el Instituto de Exploración Geográfica. En 1938, se convirtió en director de un antiguo y poco conocido museo de Boston. Cuando Washburn se jubiló, 40 años después, había conseguido convertir aquel museo olvidado en el famoso Museo de la Ciencia de la ciudad.
Estos dos empleos tenían algo en común y es que permitían a Washburn llevar un estilo de vida digno de Indiana Jones: profesor durante el curso escolar y escalador de altura durante los meses de verano. Y durante la época escolar perfeccionó su fotográfico más característico: un enfoque rápido y ligero que aprovechaba al máximo la experiencia de los legendarios pilotos de vuelo salvaje de Alaska. Para conseguir tomas únicas, puso a prueba los límites de este intrépido grupo, convenciéndoles para que aterrizaran a altitudes a las que nunca antes lo habían hecho. Además, a Washburn no le importaba con quién o con qué compartir vuelo con tal de cumplir su objetivo, lo cual le llevó a compartir cabina con los materiales de construcción de una cabaña o con un grupo de perros de trineo.
Aunque puede considerarse que algunas de sus imágenes rozan el estilo abstracto, el objetivo de Washburn se mantiene enfocado hacia los fríos y duros elementos de la roca. Sus icónicos conjuntos de roca, nieve, luz y sombra son menos emotivos y más directos que la fotografía en blanco y negro de Ansel Adams, cuyo nombre aparece a menudo en los debates sobre la obra de Washburn. Ambos mantenían una cordial amistad, aunque Washburn afirmaba no haber estudiado nunca demasiado la obra de su compañero. Washburn era un autodidacta obstinado y no tenía ningún problema en alardear de sus logros en el campo de la exploración y la ciencia, mientras ignoraba las dimensiones artísticas de su obra. Utilizó las fotos para recaudar fondos para la expedición a través de conferencias y artículos de revistas, pero no vendía copias de sus fotografías. Pero, quizá lo más importante es que Washburn estudiaba sus propias imágenes para averiguar el mejor camino hacia la cumbre.
A medida que Washburn se convertía en la autoridad mundial del alpinismo en Alaska, le llegaban interesantes encargos. Uno de ellos consistió en probar el equipo de invierno de la Segunda Guerra Mundial. Washburn lo hizo mientras participaba en un equipo de consultoría gubernamental de élite en el que se encontraban los exploradores Sir Hubert Wilkins y Vilhjalmur Stefansson. Otro encargo llegó por parte de un estudio de Hollywood que le contrató para dirigir una expedición de recogida de imágenes para la película de 1950 La montaña trágica. Como indicó el biógrafo David Roberts, Washburn dirigió todas las expediciones en las que participó. Su esposa Barbara se unió a él en algunas ocasiones, y se convirtió en la primera mujer en escalar el Denali y otros picos de Alaska.
A pesar de planificar cada una de sus expediciones meticulosamente, Washburn vivió varias situaciones al límite. La más complicada de todas fue la expedición al Monte Lucania que llevó a cabo junto con su compañero Bob Bates en 1937, una travesía impresionante por tierras desconocidas que les obligó a recorrer 160 kilómetros de vuelta a la civilización en los que casi mueren de hambre y de asfixia. 70 años después, Roberts calificó esta aventura como "posiblemente la hazaña de montañismo más valiente e insólita realizada en el Extremo Norte".
Washburn, que llevaba una cámara más pequeña mientras iba a pie, no documentó la última parte de ese viaje, ya que todos sus esfuerzos se centraron en tratar de sobrevivir. Sin embargo, sí que disponemos de una instantánea en la cima de Lucania donde logró retratarse con Bates utilizando un cordón de zapato para disparar la cámara. Esta fotografía rebosa de energía trepidante en un paisaje espectacular, una sensación de triunfo en la cima del mundo. Además de sus otros créditos fotográficos, Washburn podría alardear de haber hecho uno de los primeros selfies de la historia en la cumbre de la montaña.
- IMÁGENES POR CORTESÍA DEL MUSEO DE LA CIENCIA DE BOSTON



