Una vida en la cresta de la ola
El pionero del surf e icónico modelo de Polo Buzzy Kerbox reflexiona sobre una vida en el agua y delante de la cámaraA sus 62 años, Buzzy Kerbox aún conserva esa misma exuberancia juvenil (por no hablar de la melena dorada) que lo convirtió en un indispensable de las campañas publicitarias de Polo durante los 80. Quizá se le pueda atribuir a los días que pasa surfeando con sus tres hijos, Kody (24 años), Kasey (22 años) y Kyler (17 años), cerca de su casa en la costa norte de Oahu, Hawái. O quizás a toda una vida subido a la ola, destacando como uno de los mejores y más innovadores surfistas profesionales. (Acabó en varias ocasiones en el top 10 mundial a lo largo del final de los 70 y más adelante inventó con su colega Laird Hamilton el “tow-in surfing”, una técnica en la cual un piloto de moto acuática “deposita” al surfista en la cresta, lo que permite surfear en olas de hasta 15 metros).
Sea como sea, está claro que Kerbox aún se mantiene muy en forma: hace poco que ha superado la Molokai Channel Race, una carrera de paddleboard de pie de 51,5 km, una prueba agotadora que supondría todo un reto para muchos hombres que solo tienen la mitad de su edad. También se ha reencontrado con sus días de modelo, gracias a una nueva campaña de Polo, en la que ha aparecido con sus hijos, y ha estado trabajando en sus memorias, tituladas Making Waves. Hemos hablado con él sobre la alegría de hacer de modelo con sus hijos, sobre su libro y sobre la vez en la que posó con un león..
¿Cómo ha sido estar en el set fotográfico con su familia?
La idea de posar con mi familia me interesó muchísimo desde un principio. Fue muy divertido poder trabajar con mis hijos. No tenían experiencia como modelos, excepto quizás para mi cámara, porque yo hago muchísimas fotos. De modo que supongo que mis años en el oficio ayudaron.
¿Le pidieron consejos?
No, pero yo se los di de todos modos. [Risas.] Delante de la cámara, muchos modelos miran sin ningún tipo de expresión. Yo siempre he mostrado expresión. Les dije que fueran ellos mismos. La cámara capta lo auténtico y desenmascara lo artificial. Una sonrisa falsa se nota a millas de distancia. Fue sencillo mostrar la relación familiar y darle esa autenticidad, porque estábamos allí juntos, con nuestras reacciones mutuas normales.
Una de las imágenes más icónicas con usted es esa foto de inspiración safari en la que lleva un león a hombros. Se le ve muy cómodo con ese cachorro de león encima. ¿Cómo consiguió estar así de tranquilo?
Posar con los cachorros de león fue una experiencia increíble. Me encantan los leones. El entrenador estaba allí mismo, fuera de la cámara. Teníamos tres cachorros, y aquel animal estaba encima de mi cabeza, arañándome y mordisqueando, pero sin agresividad. En ningún momento pasé miedo. Uno de los cachorros se estaba poniendo muy peleón, así que tuvimos que cambiarlo por otro. Y luego continuamos con el trabajo.
¿Tenía la sensación de que aquella imagen se convertiría en una foto icónica?
Bueno, la verdad es que se hacen muchísimas fotos y la mayoría nunca se usa, así que nunca se sabe qué va a pasar. En aquella ocasión fue así: recuerdo que yo había vuelto a Hawái y, unos tres o cuatro meses después, compré una revista Vogue y estaba hojeándola. Y allí estaba el reportaje del safari, más o menos 10 páginas, y ya había visto unas 6 y no había nada de mí. Y yo estaba pensando: “Dios, no han publicado ninguna foto mía”. Entonces pasé a la siguiente página y vi la foto con el león y pensé “Vale, esto right”. Es una gran satisfacción ver que te dan una página entera.
¿Qué aprendió sobre el estilo durante su trabajo para Polo?
Es curioso, porque esté en Hawái o en cualquier otra parte del mundo, nunca me ha importado demasiado la ropa. Siempre me pongo vaqueros y una camisa, la primera camisa del montón. Nunca he tenido un sentido de la moda ni me he preocupado por ello.
A veces, las personas con más estilo son aquellas que no se preocupan en exceso por las apariencias.
Cierto. Yo aparecía en el set de Polo en camiseta, vaqueros y chanclas y me iba al cambiador. Para mí es como el rodaje de una película, me meto en el personaje cuando me pongo esa ropa. Me sentía diferente. Y cuando te sientes diferente, actúas diferente. Y, durante el posado, me convertía en el modelo. Y cuando acababa y me quitaba esa ropa, pues volvía a ser el yo normal.
¿Qué pensaban sus amigos de la comunidad surfista sobre su segunda profesión como modelo?
Hombre, la verdad es que no leían la revista Vogue ni sabían qué estaba haciendo yo realmente. Además, yo no presumía de ello. Pasados unos años, la revista Surfer se enteró, así que mis amigos también lo descubrieron. A todo el mundo le pareció bien.
¿La gente lo reconoce más por su faceta como modelo o como surfista?
Algunos por surfista, algunos por modelo, algunos por ambas. Trabajé con Tyson Beckford para Polo Sport a principios de los 90. Estábamos en el lago Tahoe. Después de la sesión fotográfica fuimos al supermercado a por cerveza. Yo le di 20 dólares a la cajera, que me respondió: “Aquí tienes el cambio, Buzzy”. Tyson se le quedó mirando (Tyson era supermodelo masculino en aquella época, todo el mundo lo conocía) y le preguntó: “¿Cómo sabes quién es?”. Y ella dijo: “Hago surf”.
Cuénteme algo más sobre el libro.
Llevo tres años trabajando en él, es algo que siempre he querido hacer. Siempre me ha parecido que tenía buenas historias que contar. Durante toda mi carrera como surfista profesional y modelo, siempre he llevado la cámara conmigo, así que tengo muchísimas fotos de todo lo que pasa entre bastidores. Mucho antes de que todo el mundo se pusiera a hacer fotos, yo era el único que iba por ahí fotografiando todo el ambiente entre bastidores. Y llevaba un diario cuando estaba de tour.
Suena genial.
Yo creo que el 95 % está listo, ya solo me queda darle algunos retoques. Me gusta mucho la forma que el producto final está tomando. El libro realmente expresa mis sentimientos y mi historia de manera visual. No veo el momento de que se publique.



