Una quilla impecable
Un regalo fortuito llevó a Trent Preszler a adoptar un oficio inesperado: la creación artesanal de exclusivas canoas de maderaHace una década, Trent Preszler te habría dicho que el trabajo manual no era lo suyo, pero en 2014 ocurrió algo que cambiaría el curso de su vida para siempre. Falleció su padre, y lo que le dejó en herencia distaba mucho de ser un tesoro familiar. Se trataba de un simple baúl de herramientas. «Mi padre era un conocido vaquero de rodeo en Dakota del Sur, en un rancho de ganado de 10 000 acres, un tipo duro», dice Preszler. «Estuvimos distanciados durante mucho tiempo, pero me invitó a casa para Acción de Gracias y falleció una semana después.»
Tras esta inesperada pérdida, Preszler reflexionó sobre algunos de los gratos recuerdos que tenía de su padre antes de que se distanciaran, como el tiempo que pasaron cazando patos en la canoa de la familia. «Pensé en eso, y en el detalle de que me había dejado esta caja de herramientas, y tomé la decisión de construir una canoa», recuerda. «Fue una decisión alocada, porque jamás había construido nada en mi vida, realmente nada. Nunca había usado ni un serrucho».
El proceso comenzó a desarrollarse en el salón de su casa de Long Island, adonde se trasladó en 2002 para trabajar como director general en una empresa vinícola local. A pesar de sus considerables logros académicos —tiene dos títulos, en Economía Agrícola y Viticultura, de la Universidad de Cornell—, a Preszler le seguía intimidando la idea del trabajo manual. Empezó poco a poco, aprendiendo a utilizar herramientas eléctricas por primera vez. «Consulté algunos libros de construcción de barcos, pero como no tenía a nadie que me ayudara cometí muchos fallos durante el proceso», señala. «Pero esta fase de ensayo y error me resultó increíblemente útil.»
Cuando el barco empezó a tomar forma, se dio cuenta rápidamente de que el serrín que producía le obligaría a encontrar un taller adecuado. Se instaló en una antigua herrería situada junto a la carretera principal de Mattituck (Nueva York), cuya fachada se remonta a principios del siglo XIX. En el interior, durante casi un año trabajó con dedicación en la colocación metódica y precisa de las tiras de cedro alrededor del armazón de la canoa para formar un casco perfectamente liso y curvado. Una vez que lijó los restos de cola de madera y selló la embarcación con capas de fibra de vidrio, tuvo lista una preciosa canoa de 6 metros.
La nave, que ahora cuelga en el taller, es una preciosa muestra de artesanía y arte. Tras descubrir esta faceta de hábil carpintero, Preszler pronto tuvo una larga lista de espera de admiradores y clientes. Comenzó con una familia que buscaba una pieza de exhibición para su casa de vacaciones en el lago de Lucerna, en Suiza, seguida de otras dos en el South Fork de Long Island, y más recientemente una para una estrella de la música country en Nashville, Tennessee. «Nunca pretendí que esto fuera un auténtico negocio», afirma Preszler con una sonrisa. «Pero recibí un pedido a partir de otro, y luego otro, y pensé: "¿dónde me he metido?"».
Dado el exquisito nivel de detalle que requiere cada embarcación, Preszler tiene cuidado de limitar su producción a solo una o dos unidades al año, para no sacrificar la calidad. Esto incluye los asientos de cuero de silla de montar y cáñamo encerado, el bisel de cristal y la brújula náutica de bronce, además del par de remos, también bañados en una capa de bronce, y presentados con cada canoa terminada. Sin embargo, ningún detalle es más importante que la madera, desde el ziricote mexicano hasta el nogal negro, pasando por el álamo o el fresno, y el tratamiento de cada tipo. «No creo en el uso de tintes», dice Preszler. «Hay suficiente biodiversidad en el mundo de los árboles como para encontrar la madera que necesito y conseguir la variación de color adecuada», añade mientras pasa los dedos por la proa de una canoa en curso, que presenta una serie de tiras de madera de cebra africana entrelazadas en un dibujo que se asemeja a una pila de plumas puntiagudas. Detalles como este son los que distinguen las creaciones de Preszler.
También hay proyectos más futuristas. Además, está colaborando con un grupo de arquitectos navales de Newport (Rhode Island) para dar vida a un nuevo buque híbrido. «Es una especie de cruce entre una canoa, un esquife y un kayak», dice mientras hojea una pila de ilustraciones tridimensionales, como la que se ve aquí a la izquierda. «Será muy aerodinámico, plano, con un arrastre de solo 6 pulgadas, y un espejo de popa abierto en la parte trasera, donde queremos poner un motor eléctrico solar. No hay otro barco como este en la tierra». Y en esto, en esencia, consiste la artesanía de Preszler. Aunque crea hermosas canoas con sus propias manos, siempre está en busca de nuevas perspectivas. «Me gusta la idea de contribuir al mundo de la navegación con estas creaciones que no son fáciles de definir», dice. «Porque tampoco creo que sea fácil definirme».
Las memorias de Preszler, tituladas Little and Often, acaban de ser publicadas por William Morrow.
- IMÁGENES CORTESÍA DE TRENT PRESZLER



