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Las mejores cosas de la vida no tienen precio

Para demostrarlo, le presentamos a la joven coleccionista, Mary Stufano, de 12 años, que comenzó a buscar los regalos que ofrece la naturaleza con tan solo 6 años, y sigue haciéndolo. Si quiere llevar a sus hijos a un verdadero mercadillo (cuando vuelvan a abrir, claro), aquí tiene algunos consejos para facilitar la experiencia

Mary Stufano comenzó a coleccionar cosas cuando tenía cinco o seis años. Al principio, guardaba conchas, rocas y vidrio marino, cualquier cosa que encontraba en la playa con su familia. Los objetos que coleccionaba eran siempre regalos de la naturaleza, porque cuando se es económicamente dependiente, todo lo que puede permitirse uno, es aquello que no tiene precio.

Mary vive en la Nueva York, relativamente cerca del Museo Metropolitano de Arte, lo cual le permitió comenzó su colección preferida hasta ahora: las chapitas metálicas redondas de 16 colores diferentes que indican que se ha pagado la entrada y que normalmente todo el mundo guarda como recuerdo de su visita. Las chapas metálicas de este museo son un icono de la ciudad de Nueva York, del estilo de la ficha del metro o la camiseta de «I Love New York». Mary no solo coleccionaba las chapas de sus visitas, sino que también recorría el área alrededor del museo en busca de más. ¡Y de repente un día dejaron de usarse! En junio de 2013, el Museo Metropolitano de Arte, conocido como el MET, anunció que iba a reemplazar las chapas que llevaba 42 años utilizando por una pegatina de papel más respetuosa con el medioambiente. Mary, como muchos otros, se sorprendió y fue al museo con su padre para averiguar qué podían hacer para que se volvieran a usar. «Solicítalo», sugirió el museo. «Si consigues más de 2000 votos a favor de volver a usarlas, valoraremos tu solicitud». Mary estaba eufórica, pero la tarea era demasiado abrumadora. ¡Y así es como estos pequeños artículos se volvieron más que nunca en piezas de colección! Actualmente, tiene cientos de ellas y, a veces, cuando visita el museo se pone unas cuantas en la parte delantera de su peto, como una especie de protesta silenciosa.

Mary Stufano nos descubre su colección favorita compuesta por las chapas metálicas que se utilizaban para canjear la entrada al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. En 2013, dejaron de utilizar estas chapas y las cambiaron por entradas en papel
Mary Stufano nos descubre su colección favorita compuesta por las chapas metálicas que se utilizaban para canjear la entrada al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. En 2013, dejaron de utilizar estas chapas y las cambiaron por entradas en papel

Mary también colecciona cuentas. Las encuentra por todas partes, por su casa y por la calle. Siempre anda en busca de más. También tiene colecciones de juguetes: trenecitos de madera que tiene desde que tenía dos años, caballos de juguete, su colección de gafas (quizá esto no cuenta porque ya las ha usado, pero aún así las guarda). Nunca ha estado en un rastro o mercadillo. Bueno, tal vez una o dos veces con su familia, pero promete que un día pronto se vendrá conmigo. ¿Por qué colecciona? «Me hace sentir bien». ¿Y no es ese el mejor motivo de todos?

Los trenes de juguete de Mary ha ido recogiendo desde que tenía 2 años y varias calabazas en miniatura
Los trenes de juguete de Mary ha ido recogiendo desde que tenía 2 años y varias calabazas en miniatura

Hoy, Mary tiene 12 años y sigue coleccionando cosas. Muchos de los objetos de sus primeras colecciones —conchas, rocas y vidrio marino— le sirven para sus manualidades. En las últimas semanas, desde que cerraron las escuelas, ha estado más ocupada que nunca creando objetos como tazones de vidrio marino y representaciones en miniatura con los maravillosos objetos encontrados en esas primeras capturas.

Cómo coleccionar con los niños

Diferentes recuerdos de paseos por la playa
Diferentes recuerdos de paseos por la playa

La mayoría de niños son coleccionistas natos. Como Mary Stufano, empiezan a encontrar cosas en el jardín, cuando salen a pasear o a caminar por la playa, pero cuando están listos para dar el salto a las grandes oportunidades de un verdadero mercadillo (con un adulto, claro), necesitan estar preparados para la experiencia. Si echo la vista atrás, a aquella época en la que coleccionaba objetos con dos niños pequeños, me encuentro con algunas cosas que es importante tener en cuenta:

• Dejarles elegir: ir al mercadillo con mamá o quedarse en casa con papá y ver el partido de fútbol (¡por ejemplo!). O si papá es el que conduce, ¡quedarse en el lado más cómodo del coche y escuchar el partido de fútbol!

• Si decide ir de compras con mamá, podemos darle 5 euros (o menos) para encontrar algunas cosas geniales y tal vez empezar una pequeña colección. Es mejor que tengan su propio dinero para que sepan qué pueden comprar y qué no, en lugar de pedir a mamá y papá que compren cosas.

• Darles una bolsa para que lleven sus compras.

• Adaptarse a su ritmo. Sus piernas son más cortas.

• Enseñarles a regatear. Hasta el comerciante más duro caerá rendido ante un niño que le responde con: «¿me lo dejas más barato?». (Pero no deje que sus hijos regateen en su lugar. ¡Seguro que es algo nunca se le habría ocurrido!)

• Sugerir cosas que podrían interesarles, teniendo en cuenta que son ellos quienes deben descubrir los tesoros, no usted. ¡Solo porque a usted le gustaba Mickey Mouse cuando de pequeño, no significa que a ellos les guste!

• Al llegar a casa, dejarles que compartan sus hallazgos.

• Ayudarles a encontrar un lugar para exhibir sus colecciones.

• Si son varias, por ejemplo, rocas, vidrio marino, conchas o cuentas, ofrecerles recipientes para almacenarlas. La próxima vez pueden intentar encontrar los recipientes en el mercadillo.

• ¡¡A divertirse!!

Una colección de rocas y cristales obra de la madre naturaleza
Una colección de rocas y cristales obra de la madre naturaleza
Extracto de The Joy of Junk, de Mary Randolph Carter (Rizzoli).
Mary Randolph Carter trabaja desde hace años para la empresa y actualmente supervisa las publicaciones de Ralph Lauren. Además, es autora de varios libros.
  • FOTOGRAFÍAS DE CARTER BERG; CORTESÍA DE RIZZOLI