Una oda a las prendas de abrigo
Esta temporada, convierta su prenda de abrigo en la tarjeta de presentación de su estilo personalA los hombres con estilo les encanta que llegue el frío. En verano, debemos contentarnos con contrarrestar el calor y encontrar soluciones elegantes vistiendo unas pocas prendas. En cambio, el invierno trae abundancia: abundancia de estampados, de capas y de texturas. Con la bajada de las temperaturas, los tejidos de calidad salen a la calle, que se convierte en una pasarela de franela, pana y tweed. A medida que las horas de luz disminuyen, las opciones aumentan. Y todo comienza con un abrigo excepcional.
Un abrigo de calidad es más que un simple abrigo. Es una prenda que dice mucho de la persona que la lleva. Es lo primero que ven los desconocidos con los que se cruza. Un abrigo llamativo reclama la atención de todos quienes les rodean, que siguen con la mirada sus idas y venidas. Lucirán un abrigo sofisticado los hombres que quieran destacar y deseen ser recordados. Hace años, paseaba por la Décima Avenida, en Chelsea, y me crucé con el gran Richard Merkin, que estaba con el elegante pintor Duncan Hannah. Ambos llevaban unos abrigos de tweed largos y gorras de repartidor, como si fuera lo más normal del mundo. Me quedé boquiabierto y sin palabras ante tal despliegue de estilo.
Este es el poder de un buen abrigo. La edición de enero de la feria Pitti Uomo es mi favorita, porque así me puedo informar sobre los abrigos que llevan los hombres italianos (haga suficiente frío o no). Los colores acostumbran a ser un poco más tenues que los de su famoso “gelato”. ¡Ellos sí que saben causar una buena impresión! Y las impresiones con las que se queda uno son importantes. Su abrigo anuncia su propósito como hombre de muchos talentos (y muchas capas de ropa). Es lo que lleva al entrar en un sofisticado restaurante o en el vestíbulo de un teatro. Ha elegido cuidadosamente su traje, así que no es cuestión de cubrirlo con algo que no esté a la altura.
Que conste que no soy el único al que le entusiasman los abrigos: todos los hombres que visten bien que conozco comparten esta pasión. Cuando la gente me pregunta sobre lo que conviene gastarse en ropa, siempre les respondo que lo esencial es no dejar pasar la oportunidad de hacerse con un buen abrigo o un buen par de zapatos. No solo durará mucho tiempo y será un elemento clave para todo hombre con un armario que se precie, sino que emocionalmente es difícil aceptar que ha perdido la oportunidad de comprarse un buen abrigo. Es una prenda en la que vale la pena invertir, porque puede durarle décadas, y es una de las pocas cosas que hará que le entren ganas de que llegue el invierno.
Por ejemplo, piense en un gabán, con sus charreteras y el cuello amplio que puede alzarse para dar un toque de misterio. Un abrigo así aporta un aire militar y una cierta elegancia, que captará todo aquel con el que se cruce. Si quiere optar por un estilo minimalista, puede combinarlo con un jersey de cuello vuelto. Si se siente osado, puede llevarlo encima de una camisa de cambray con una corbata estampada. En cualquier caso, parecerá una persona acostumbrada a dar órdenes, ya sea en un estudio de grabación o en una expedición de alpinismo.
Un buen abrigo no pasa nunca desapercibido. En la maravillosa historia de J. D. Salinger Justo antes de la guerra con los esquimales, Ginnie, la heroína, se encuentra con un hombre gracioso en un piso de Park Avenue, quien se fija en su abrigo. “Es precioso. Es la primera vez que veo pelo de camello de calidad desde que terminó la guerra”. Eso es lo que puede ocurrir al vestir un abrigo con poderío (y el pelo de camello claramente tiene poderío). El mundo se postra a sus pies. Una persona que luce un abrigo de pelo de camello siempre me genera curiosidad. Ya lleve unos vaqueros y mocasines o un conjunto propio de una universidad de élite (con traje de raya diplomática fina y una corbata repp), me interesa saber cómo ha llegado a tener tal nivel de confianza. Los colores atrevidos expresan una seguridad que a muchos les falta y una personalidad que todos quieren conocer.
Y la pregunta es: ¿ese abrigo tan especial que ha adquirido solo verá la luz en ocasiones especiales? La respuesta es un no rotundo. Ese abrigo será su nuevo uniforme, y marcará la temática para toda la temporada. Se convertirá en parte de su ser, y definirá todos sus looks. Puede llevar su fantástico abrigo a cualquier sitio, desde la ópera hasta la vinoteca. Puede acompañarle tanto a la filmoteca como a un partido de fútbol. Aportará un aire de elegancia a cualquier cosa que haga y subirá el listón de su armario.
Un abrigo imponente puede ser la estrella de su look, pero no es necesario que sea demasiado formal ni intimidante. Si ha optado por un estilo informal, al ponerse su abrigo conseguirá un conjunto desenfadado pero de nivel. Cuando salga el domingo por la mañana a comprar el periódico, póngase su formidable abrigo por encima de su ropa de andar por casa. En cuanto a los accesorios, tengo tendencia a combinar una bufanda con estampado con un abrigo liso o a la inversa. Es mejor no crear competencia en un mismo conjunto. Pero las reglas están para romperlas, así que, si tiene un estilo de vestir aventurero, eleve los estampados al cuadrado.
La historia de las chaquetas va de la mano de la de los uniformes. Por eso los encuentro impresionantes y reconfortantes a la vez. Me encanta la autoridad que desprende una gabardina, sea del material que sea. Y también me llaman la atención las cazadoras con forro de borreguillo. Tienen un carácter deportivo y favorecen a todo el mundo, independientemente de que acabe de bajarse de la moto o no (todos creerán que sí).
Me acuerdo de cuando era un chiquillo (me remonto a los años 80) y mi padre llevaba un abrigo marrón cruzado de espiga con solapas en pico. A mi corta edad, no sabía mucho sobre ropa (aunque me apasionaban unos pantalones cortos por la rodilla que había comprado en Francia). Pero sí sabía que aquel abrigo era poderoso. No sabía expresarlo, pero sentía que era una prenda imponente, que le otorgaba autoridad. Eso es lo que puede conseguir la ropa de calidad. No le sorprenderá saber que aquel abrigo era de Ralph Lauren. Todavía lo tiene. Es lo que tiene un buen abrigo: el poder de la atemporalidad.
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