El auténtico y atemporal Mundo de Ralph Lauren

El placer de destruir

Al artista emergente Fabian Oefner le encantan los objetos de diseño, ya sean coches clásicos o zapatos icónicos. En su reciente colaboración con Polo se demostró que el acto de destruir puede ser un placer

Puede que haya visto las obras de Fabian Oefner en Instagram: fotos y videos de productos de consumo emblemáticos cortados a rodajas, troceados, derretidos, enmarcados en un cubo transparente, capturados justo en el momento en el que explotan o incrustados de manera surrealista en una pared.

La mayoría de los objetos son iconos del diseño popular, como un portátil familiar, unas deportivas famosas o una cafetera italiana, que Oefner ha destrozado de manera cuidadosamente premeditada. Sus obras atraen la atención como podría hacerlo el descarrilamiento de un tren o un crimen horrible. Sin embargo, en cuanto el espectador se sobrepone del estupor y el asombro iniciales, el objeto de atención del artista puede observarse desde otra perspectiva, lo cual genera una nueva sensación de admiración y respeto hacia su trabajo.

Oefner nació en Suiza hace 39 años y estudió diseño de producto en su país natal. El artista explica que quiere «hacer justicia al objeto». Un buen diseño requiere una gran cantidad de trabajo y enormes dosis de talento y lo que Oefner pretende con su obra es reconocer este esfuerzo. Según explica, cuando rompe algo en pedazos, «se trata de una explosión muy precisa, lo cual es una contradicción, y eso es lo que me gusta».

Contradicciones a parte, las obras de Oefner, cuyos precios que van desde los cuatro dígitos hasta más de 100 000 dólares, tienen algo especial. Su trabajo no consiste en desafiar el deseo de consumir, ni en vandalizar los objetos, como hacían sus predecesores punk, y el contenido de sus cubos de resina es menos inquietante que el tiburón sumergido en formol de Damien Hirst. Oefner toma más bien la perspectiva de Daniel Arsham, que considera la tecnología como un artefacto, pero también tiene la curiosidad de un ingeniero sobre el funcionamiento de las cosas.

En su estudio, una fábrica de sombreros reconvertida en Danbury, Connecticut, a tan solo 10 minutos de donde vive con su mujer, Oefner nos muestra que tiene más de pensador que de científico loco. El lugar en el que ha decidido llevar a cabo sus experimentos es una antigua ciudad industrial de la región de Nueva Inglaterra, en los Estados Unidos, sin una gran vida artística. (Lo más destacable es un bar de mala muerte al otro lado de la calle y una cantidad inquietante de alambre de cuchillas). Lo que más le gusta a Oefner de Danbury es la ausencia de distracciones y de restricciones de espacio, como ocurre en la ciudad de Nueva York. Aquí, Oefner tiene casi 500 metros cuadrados para él (y un asistente). En el tiempo que tarda en ir de una punta a otra de su estudio, pasando por una impresora 3D, una mesa de ping pong, un estudio fotográfico dentro del propio estudio y distintas sierras eléctricas colocadas sobre caballetes, pueden surgir nuevas ideas. Es el lugar ideal para alguien con una personalidad creativa disociativa que se describe a sí mismo como «un niño de 9 años que se divierte haciendo explotar cosas combinado con un filósofo de 40 años al que le gusta reflexionar sobre el tiempo».

<strong>Un millón de pedazos</strong><br/><span>Oefner ha fotografiado los componentes de varios coches legendarios, como un Bugatti Atlantic de 1938, y los ha integrado en un montaje para convertirlos en imágenes que dan la impresión de que el objeto se está desintegrando</span>
Un millón de pedazos
Oefner ha fotografiado los componentes de varios coches legendarios, como un Bugatti Atlantic de 1938, y los ha integrado en un montaje para convertirlos en imágenes que dan la impresión de que el objeto se está desintegrando
<strong>Movimiento en suspensión</strong><br/><span>Un Lamborghini Miura de 1972 recibe el tratamiento de Oefner pieza a pieza</span>
Movimiento en suspensión
Un Lamborghini Miura de 1972 recibe el tratamiento de Oefner pieza a pieza
<strong>Movimiento en suspensión</strong><br/><span>Un Lamborghini Miura de 1972 recibe el tratamiento de Oefner pieza a pieza</span>
Movimiento en suspensión
Un Lamborghini Miura de 1972 recibe el tratamiento de Oefner pieza a pieza
<strong>Movimiento en suspensión</strong><br/><span>Un Lamborghini Miura de 1972 recibe el tratamiento de Oefner pieza a pieza</span>
Movimiento en suspensión
Un Lamborghini Miura de 1972 recibe el tratamiento de Oefner pieza a pieza

Encima de uno de los sofás de la sala de descanso puede verse una de sus obras más famosas: una fotografía de 250x120 cm de un Lamborghini Miura de 1972 estallando por los extremos. Que no cunda el pánico, ningún Lamborghini sufrió daños durante la realización de esta obra de arte. Oefner colocó su cámara en el taller mientras un equipo de mecánicos italianos restauraba el coche para su dueño y fotografió más de 1500 componentes a medida que los retiraban. A continuación, los combinó en una imagen hiperrealista del Miura para que pareciese que el coche vomitaba sus entrañas. Esta es una de las cinco obras de su serie «Disintegrating» (Desintegración), cuatro de las cuales ya se han vendido. Ha tardado dos años en terminarla.

Oefner creció a las afueras de Basilea, Suiza. Su madre trabajaba en una galería de arte y su padre era chef. «Siempre fui una persona muy curiosa. Cuando era niño, me encerraba en el desván y lo convertía en una especie de laboratorio de ciencias, y utilizaba la fotografía para capturar lo que veía», explica. Trabajó como fotógrafo de productos para la empresa Leica hasta que los experimentos que realizaba fuera del trabajo comenzaron a requerirle tal atención que decidió dedicarse al arte a tiempo completo. Actualmente, su obra se encuentra en colecciones privadas en lugares como Brasil, Hong Kong, Los Ángeles o Dubái. M.A.D., una galería de Ginebra, gestiona sus obras relacionadas con coches, pero para el resto no tiene representante. Los coleccionistas contactan con él directamente a través de las redes sociales.

Uno de los proyectos actuales de Oefner consiste en lo que él denomina «Libros espaciales», y se inspira en los herbarios que solía hacer en las clases de biología. Pero, en lugar de prensar hojas o plantas en papel, Oefner enmarca el objeto elegido, ya sea una radio Brionvega vintage o unas deportivas Nike Warrior, en un bloque de resina transparente. Una vez que el material se ha secado, corta minuciosamente el resultado en distintas de secciones transversales o páginas que encuaderna y convierte en un libro. Para Oefner, esta transformación de un objeto tridimensional a dos dimensiones «es una distorsión de la realidad, algo que también es clave en mi trabajo». En cierto sentido, destruye el objeto: la radio cortada a rodajas ya no emitirá ningún sonido y las zapatillas futurísticas ya no se podrán volver a usar. Pero, si se mira de otro punto de vista, con su obra está conservando y creando una nueva forma de ver estos objetos tan icónicos.

A principios de este otoño, Ralph Lauren encargó a Oefner un libro espacial de un Bentley Blower, una reliquia con un motor sobrealimentado del período de entreguerras, cuando se pusieron de moda las carreras de coches, que, actualmente, es una preciada pieza de coleccionismo. Oefner no llegó a tocar el Blower de 1929 de Ralph Lauren, sino que trabajó sobre una réplica única del original del tamaño de un zapato. En su estudio, me mostró la cámara de presión del tamaño de un barril que usó para dejar que la resina transparente se endureciese con el Blower dentro durante toda una noche y la sierra de cinta que utilizó para cortar, muy lentamente, el vehículo embalsamado. Fueron necesarias dos horas de trabajo para completar cada uno de los precisos cortes.

<strong>La elección del corte</strong><br/><span>Oefner colaboró recientemente en un proyecto con Polo que dio lugar a uno de sus «Libros espaciales» para el que cortó un Bentley Blower en rodajas tras enmarcarlo en un bloque de resina transparente</span>
La elección del corte
Oefner colaboró recientemente en un proyecto con Polo que dio lugar a uno de sus «Libros espaciales» para el que cortó un Bentley Blower en rodajas tras enmarcarlo en un bloque de resina transparente

Puede que el Blower fuese el no va más durante los felices años veinte. Sin embargo, aquí, este coche legendario, conocido como «La bestia», se exhibe como una obra artístico-científica. El clásico diseño del Blower pasa a un primer plano gracias a esta disección con una precisión quirúrgica. «Cada corte muestra que, realmente, es un carruaje camuflado», explica Oefner, «su elegante estructura de madera y cuero o la calidad de relojería de los indicadores. Por un instante, es fácil olvidar que el Blower llevó al límite la modernidad y se ve más bien como una extensión del pasado».

Oefner pasó muchas horas terminando esta obra única, lijando a mano las tablas de resina y encuadernándolas en piel sintética verde. Amoldar los materiales y las máquinas para que se adapten a la finalidad que busca Oefner requiere el tipo de paciencia y precisión característicos de los artesanos suizos, pero también hay otro aspecto más transgresor, más estadounidense. «Los suizos no cortan cosas. Las tratan con más respeto y delicadeza», explica Oefner. «En los Estados Unidos hay una mentalidad más abierta sobre el arte».

Oefner me llevó al otro lado del estudio, donde trabaja en su última obra libre: una copia del busto de Venus de Milo sumergida en resina rompiéndose en mil pedazos. Fue el propio Oefner quien hizo estallar la cabeza de la Venus con un mazo para fotografiar el momento exacto del impacto y acaba de terminar de recrear ese instante, fragmento por fragmento, mediante una técnica avanzada que ha preferido no desvelar. Oefner describe el resultado como un «momento congelado en el tiempo que podemos ver en tres dimensiones». Mientras lo contemplamos, el tráfico de antes de la hora punta de la autovía I-84 suena por la ventana. Un efecto surrealista pero temporal, bromea Oefner. «Dentro de una hora, será el tráfico el que estará parado», dice, como si describiera una de sus propias fotografías.

Darrell Hartman es el autor del libro Battle of Ink and Ice: A Sensational Story of News Barons, North Pole Explorers, and the Making of Modern Media.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA GACETA DE POLO

Pintando la velocidad

Los mejores carteles del Gran Premio logran congelar un coche de carreras en movimiento. Pocos artistas lo han hecho mejor que ellos y, aunque los precios de sus obras siguen elevándose, estos carteles siguen teniendo compradores

By Paul L. Underwood