La curiosa historia de la camiseta de rayas marineras
¿La camiseta de rayas marineras se habría convertido en un icono de la moda si la pareja más elegante (y olvidada) de la generación perdida no le hubiera dado a Picasso una lección de estilo vintage? Una teoría al más puro estilo de East Hampton
Por: Jay Fielden
Los franceses la llaman «marinière», en referencia a los marineros, por un buen motivo. En la década de 1850, esta prenda empezó a ponerse de moda entre los jóvenes que integraban la Marina Nacional francesa. La camiseta de manga larga con rayas azules horizontales y una banda blanca en los hombros se diseñó para ayudar a distinguir a los marineros de las olas en caso de que cayeran por la borda. Con el tiempo, se han convertido en un icono característico del estilo «je ne sais quoi» francés, junto con la boina, el Citroën DS y, quizá, los cigarrillos de la marca Gitanes.
De hecho, si se busca en Pinterest, la camiseta marinera ha estado presente en multitud de momentos inolvidables, Jean Seberg lleva una en Breathless, John Wayne en Adventure's End y era una prenda imprescindible en el armario de James Dean, o de Picasso, cuando estaba en cualquiera de sus estudios de arte en la Costa Azul. La camisa de rayas marineras parecía ser la única prenda que podía llevar con naturalidad el pintor, que, de otro modo, optaba por ir descamisado. Era un hombre imponente, que trataba su ropa con la misma rudeza con la que maleaba el hierro, trabajaba la madera o mezclaba la pintura. Sin embargo, al igual que todo lo que rodeaba a Picasso, ni siquiera el diseño parecía ceñirse a las reglas; las rayas horizontales se ondulaban y plegaban sobre su pecho, como si fuesen parte de una de sus obras. A pesar de ello, Picasso logra impregnar a la camiseta de rayas el glamur creativo e innovador del genio moderno del siglo XX y, desde entonces, esta prenda ha evolucionado manteniendo siempre un aire chic y vanguardista.
BANDED TOGETHER
Ralph has been riffing on the marinìere for years, styling it in a way that shows how something of simple perfection can be dressed up or down; John Wayne in “Adventure’s End”; a crew of French cadets, 1935; Audrey Hepburn takes a break on a movie set, 1955; James Dean wears Breton stripes; and, below, Picasso, in his studio near Cannes, 1960.
Pero, ¿fue realmente Picasso el primero en apreciar las características de utilidad, encanto gráfico y versatilidad duradera de la camisa de rayas marineras? Resulta difícil saberlo con certeza, pero nada nos impide suponerlo al releer Living Well Is the Best Revenge de Calvin Tomkins. Un clásico de 1962 sobre la generación perdida, con una redacción maravillosamente escapista y melancólicamente breve (solo tiene 148 páginas). En esta obra, Tomkins relata la historia de Sara y Gerald Murphy, una adinerada pareja estadounidense cuyo nombre quizá no sea muy conocido, pero cuya influencia en la visión moderna sobre la idílica vida de los expatriados en el período de entreguerras es extremadamente importante.
But was Picasso really the first magpie of vintage style to appreciate the marinière’s combination of usefulness, graphic charm, and durable versatility?
El padre de Murphy fue el fundador de Mark Cross, una tienda de artículos de piel y objetos de colección exóticos de la Quinta Avenida, que podría considerarse el equivalente estadounidense de la marca británica Dunhill. Gerald Murphy estudió en Yale, donde formó parte de la organización Skull and Bones y trabó amistad con Cole Porter. Una vez finalizados sus estudios, Gerald rechazó la oferta de su padre de trabajar en la empresa familiary se mudó a Francia con su esposa, Sara, a quien había conocido un verano en Los Hamptons. (El padre de Sara, Frank B. Wiborg, llegó a poseer una superficie de 200 hectáreas en East Hampton en un momento dado, y fue allí donde construyó The Dunes, la casa más grande de la zona por aquel entonces). Una vez en París, Gerald Murphy retomó los estudios, pero, en esta ocasión, con la intención de convertirse en pintor. (Era bueno. Sus obras, relacionadas con un tema que el arte pop no abordaría hasta cuatro décadas después, se encuentran en las colecciones del MoMA y el Whitney). Los Murphy eran una pareja adinerada y con talento que lograba entretener e impresionar a los demás con su encantadora filosofía de vida. Ambos se integraron con facilidad en el mundo artístico y se codeaban con Picasso, Stravinsky, Hemingway, Dorothy Parker, Legér, los Fitzgerald... y otros artistas que acudían a París, por aquella época considerado como el referente de la audacia y el éxito en el ámbito artístico.
WHEN EVERYONE WAS STILL NO ONE
Clockwise, from top: The Dunes, the largest estate of its time, was built by Sara’s father in 1909; Gerald with his granddaughter in East Hampton in the late 1950s; Fitzgerald based the main characters of “Tender is the Night” on the Murphys; the novelist didn't like to swim yet when he visited the Murphys—photographed here with his wife Zelda and daughter Scottie—he wore stripes; “Cocktail,” which Murphy painted in 1927, is in the collection of the Whitney Museum; the Hemingways and Murphys with friends in Pamplona, Spain, for the bullfights, 1926; the book jacket of Tomkins indelible story of the little remembered but enormously influential Murphy couple.
Más adelante, los Murphy se trasladaron a Antibes, por sugerencia de Porter, antes de que se convirtiera en un destino de moda y, un verano, alquilaron el Hotel du Cap, por aquel entonces desconocido. La pareja llegó a cautivar la imaginación de Fitzgerald hasta tal punto que este basó en ellos los personajes de Nicole y Dick Diver de Suave es la noche. En uno de sus fragmentos más famosos, Fitzgerald, escribe sobre Diver: «Él la miró y, por un momento, ella vivió en el mundo azul brillante de sus ojos». Fitzgerald también describe a Murphy como un hombre que «representaba en apariencia el estadio más perfecto de la evolución de una determinada clase», el tipo de hombre que lleva su chaqueta en la mano como si fuese la «capa de un torero». Quienes lean el libro de Tomkins —y todo el mundo debería hacerlo— pueden constatar que esta era la imagen exacta de Murphy, que heredó el gusto de su padre por las cosas deseables y su habilidad para cautivar a la gente con su estilo. Posteriormente, la pareja se mudó de nuevo a los Estados Unidos y, después de derribar The Dunes en 1941 (ya que no habían logrado encontrar ni inquilinos ni compradores), construyeron una casa cerca de allí, a la que llamaron Swan Cove, un lugar que a John Dos Passos le gustaba visitar. «A los más cercanos a los Murphy les resultaba casi imposible describir lo increíble que era su vida, o el encanto que tenía para sus amigos», escribe Tomkins, y señala que Murphy vestía de un modo inimitable. Su ropa, escribe, habría resultado «demasiado elegante para cualquier otra persona». Quizá la camiseta de rayas marineras era la única prenda que poseía que era diferente. Era una prenda que sus amigos podían llevar, quizá por sus orígenes humildes como prenda de trabajo o por la facilidad con la que combina con casi todo. «La camiseta marinera "funcional" de Gerald se convirtió así en una prenda estándar durante los veranos en la Costa Azul», señala Tomkins. La llevaban, entre otros, Picasso, Hemingway o Fitzgerald, artistas no especialmente conocidos por sus habilidades en el agua. Y así fue como una prenda muy francesa pasó a conquistar el mundo gracias a un grupo de admiradores estadounidenses.
JAY FIELDEN, the former editor of Esquire and Town & Country, is an editorial consultant at Ralph Lauren.
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