El auténtico y atemporal Mundo de Ralph Lauren
marzo 2025
RL/Deporte

Con kilómetros a las espaldas

De todos los impresionantes automóviles que componen la colección de Ralph Lauren, el Jeep CJ-5 de 1976 es quizá el menos sorprendente, pero es este coche el que ha acompañado a la familia durante casi medio siglo.
Por: Tyler Thoreson
A lo largo de las últimas décadas, Ralph Lauren ha logrado reunir una de las colecciones de automóviles más importantes del mundo, pero una de sus primeras adquisiciones fue un sencillo Jeep CJ-5 blanco de 1976 con el que Ricky y él iban a la playa. Hoy en día, resulta habitual ver en los aparcamientos vehículos grandes y potentes que probablemente nunca circularán fuera del asfalto, pero hace 49 años, ver un 4x4 era algo bastante insólito, y el modelo CJ-5, que hasta entonces había sido catalogado como un auténtico vehículo utilitario, era aún más excepcional. «No se veía ninguno», remarca Ralph. «Era un coche increíble y muy raro». Y nada fácil de conducir. «No sabía conducir con una palanca de cambios», recuerda Ricky, «y mucho menos la de este coche, que chirriaba como si fuese un tractor.» A pesar de ello, al poco tiempo ya llevaba a los niños al supermercado para hacer la compra y a por cómics, y conducía hasta East Hampton para «ir a buscar la nueva Barbie», recuerda Dylan. «A los 8 años, vi Grease y Star Wars en un autocine en ese coche», añade David. Pero si alguien adoraba este Jeep era Rugby, el perro de la familia. «Ocupaba toda la parte trasera», comenta Dylan. «A veces mi padre tenía que llevar a Rugby a dar una vuelta de mentira. Daban la vuelta a la manzana para que Rugby sintiera que había salido a pasear en coche».
En aquella época, Ralph también tenía un Mercedes Cabriolet 1971 280 SE (el «coche de empresa» que usaba por la ciudad) y, en 1979, compró su primer Porsche, un 930 negro modificado por RUF. «El Jeep era diferente, era un coche práctico que utilizábamos para los momentos de ocio», dice Ralph. «Podría decirse que es como unos pantalones vaqueros o una camisa blanca de punto con el icono de un jugador de polo. Su función es la misma». También estaba diseñado para durar y soportar las situaciones más extremas. «Recuerdo a nuestros padres en el todoterreno», comenta Andrew, «y Dylan, David y yo en trineo, deslizándonos alegremente por las carreteras secundarias de East Hampton cubiertas de nieve». Año tras tras, sin importar la estación, el Jeep seguía funcionando igual que siempre. «Tenía golpes, estaba oxidado, lleno de arena y se quedaba aparcado fuera durante los huracanes», añade David, incrédulo. «Era como un coche mágico. Podía estar nevando y todo cubierto de hielo en el aeropuerto de Montauk, pero entrábamos en el coche con todas las maletas... y el coche arrancaba, como si nada. ¡Todos aplaudíamos!»
Pero en 2010, después de más de 30 años de estar expuesto a arena y salitre, el Jeep necesitaba una buena dosis de cariño. Algunas partes de la carrocería se habían oxidado, el interior mostraba importantes señales de desgaste y había que reparar o sustituir varias piezas. (El motor, sin embargo, seguía yendo como la seda). Fue entonces cuando Ralph decidió restaurar el coche. Tal y como era de esperar, no descuidó ningún detalle. Los asientos se enviaron a un especialista encargado de reproducir los patrones de la tapicería original, y cuando se descubrió que la nueva carrocería no lucía el logotipo repujado de «Jeep», el equipo cortó el logotipo de la carrocería original y lo injertó en la nueva. Como no podía ser de otro modo, Ralph quería asegurarse de que la restauración no despojara al Jeep de su carácter único. «No quiero que parezca nuevo», le dijo a Mark Reinwald, encargado de supervisar la restauración. Por tanto, con pintura mate y piezas de recambio elegidas específicamente, Reinwald y su equipo le dieron al Jeep un aspecto desgastado perfecto. Ahora el Jeep recibe la misma atención que sus compañeros de garaje más espectaculares. «Cuando vamos por Montauk con el Jeep recibimos muchas muestras de reconocimiento y admiración de otros coches al pasar», añade Dylan «Es lo que podría esperarse de un Ferrari o de los otros coches de carreras más excepcionales, pero no especialmente de un Jeep.» «Ahora la gente me para», dice Ralph. «Para preguntarme si lo quiero vender». Sonríe. «La respuesta es no. Casi no vendo nada».

Tyler Thoreson is former editor in chief of Ralph Lauren Digital.